Altamira
Dormían los bisontes en la roca,
guardados por la noche milenaria,
hasta que una mirada extraordinaria
halló la voz que el tiempo no sofoca.
Allí la mano humana nos convoca
desde una edad remota y legendaria;
cada figura, viva y necesaria,
al corazón del siglo nos provoca.
Con ocres y carbones encendidos
pintaron nuestros remotos ascendientes
la fuerza, el miedo, el hambre y la esperanza.
Y aún resuenan, jamás del todo idos,
aquellos trazos hondos y valientes
bajo la eterna bóveda que avanza.

Tienes la virtud de escribir lo que quieras.
ResponderEliminarEste soneto es un sueño.