La aventura de los molinos
(Don Quijote)
Gigantes son, y al mundo desafían
con brazos largos y soberbia fiera;
no hay fuerza humana que a mi brazo hiera
cuando justicia y honra me porfían.
El cielo es testigo fiel de lo que ansían
mis obras, y el temor no me gobierna;
que nace el miedo en alma vil y eterna
y no en quien altos hechos desafían.
(Narrador)
Eran molinos, y el buen viento hacía
lo que hace siempre: girar sin intención;
mas quiso el loco darles alma y día.
Y el palo, ajeno a épica y razón,
le dio tal golpe que la fantasía
cayó primero que el cuerpo al terrón.
La aventura de los dos ejércitos
Don Quijote)
Dos huestes veo ya, de fiero intento,
que el llano ocupan con marcial ruido;
retumba el aire en bélico bramido
y pide lanza el justo atrevimiento.
Hoy se decide, Sancho, en duro encuentro,
quién gana fama y quién será vencido;
no es hora ya de juicio comedido,
que manda el brazo y no el entendimiento.
(Sancho)
Señor, que son carneros, voto a tal,
polvo y balidos, cuernos y pellejos;
no hay moro aquí, ni espada, ni señal.
(Narrador)
Tenía razón: y aun así, ¡qué lejos
le estuvo el premio de tenerla al final!,
que al sabio azotan igual que a los necios.
La aventura de los odres de vino
Don Quijote)
La noche espesa encubre al enemigo,
que hinchado duerme en traición silenciosa;
parece fiera múltiple y rabiosa
que aguarda el tajo de mi acero amigo.
No hay sueño vil que excuse al que castigo,
ni sombra que a la honra haga dudosa;
que al mal se le acomete, aunque reposa,
si es justa causa y alto el fiel testigo.
(Sancho)
Señor, que es venta pobre y vino añejo,
odres colgados son, por vida mía,
y huele más a mosto que a pellejo.
(Narrador)
Y fue verdad: que el vino no razona,
ni el refrán libra al cuerdo de la trilla;
razón tenía Sancho… y nadie la abona.
Glosa final
Y así se acaba esta cuenta de lances mal entendidos, donde molinos fueron gigantes por cortesía del deseo, carneros ejércitos por exceso de fe, y odres enemigos por culpa de la noche y del vino. Don Quijote, que nunca erró en la intención, aunque sí en el objeto, salió de todas estas aventuras magullado en el cuerpo, mas entero en el ánimo; porque jamás consintió que la realidad, tan tosca y poco dada a nobleza, le desmintiese el deber de soñar.
Sancho, más sabio por el suelo que por los libros, vio siempre lo que había, y lo dijo; mas aprendió también que tener razón no libra de golpes, ni la verdad paga cuentas en las ventas. Y así, entre el uno que veía de más y el otro que veía lo justo, caminaron ambos por un mundo que rara vez se deja entender sin tropiezos.
Y si alguno se riese de tales desatinos, mire primero si no ha llamado alguna vez gigante a su molino, ejército a su rebaño, u honra a su odre vacío; que en esto de errar con fe, pocos se libran, y menos aún los cuerdos.