El alcalde mandó a pavimentar la calle principal tres veces el mismo año.
La primera, para inaugurarla.
La segunda, para corregir “errores técnicos”.
La tercera, porque el asfalto anterior se había derretido bajo el sol… o bajo el peso de los sobres.
Mientras tanto, el hospital seguía sin techo y el agua llegaba marrón a las casas.
El alcalde dormía tranquilo: había comprado colchones nuevos para su conciencia.
Eran caros, pero muy blandos.
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