Aníbal
Juró siendo muchacho odio perpetuo
al poder que crecía junto al Tíber,
y forjó su carácter, firme y libre,
en la disciplina de su pueblo.
Cuando cruzó los campos de este suelo,
las ciudades temieron su calibre;
mas halló aliados, pues siempre vive
la esperanza en quien desafía el duelo.
Partió después hacia los altos puertos
de nieve y roca, guía de elefantes,
buscando el corazón de su rival.
Y quedaron sus pasos descubiertos
como ejemplo de empeños deslumbrantes
en la memoria histórica universal.

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