Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

sábado, 5 de septiembre de 2026

Cantar del bardo V

 El cantar del último poeta

Escuchad por última vez,
vosotros que habéis llegado hasta aquí.

Apagad las hogueras.

Dejad dormir a los muertos.

Y mirad hacia el cielo.

Porque las estrellas comienzan a apagarse.

No todas a la vez.

Una primero.

Después otra.

Después otra.

Y los antiguos supieron entonces
que había llegado el final de una edad.

Los dioses habían comenzado a marcharse.

Uno tras otro
abandonaron los templos,
dejaron vacíos sus altares
y retiraron sus nombres
de la memoria de los hombres.

Nadie supo adónde fueron.

Algunos dijeron que regresaron
al lugar donde nació la primera luz.

Otros aseguraron
que se escondieron más allá del tiempo.

Y hubo quienes afirmaron
que los dioses nunca existieron.

Pero los bardos sabían la verdad:

un dios muere de verdad
cuando nadie recuerda su nombre.

Después se apagaron los fuegos antiguos.

Los bosques comenzaron a envejecer.

Las montañas perdieron sus coronas de nieve.

Los mares avanzaron sobre las ciudades.

Y de los dragones,
que una vez dominaron los cielos,
solo quedó uno.

El último.

Viejo como las primeras estrellas.

Voló durante siete días
sobre tierras que ya no reconocía.

Buscó los bosques de su infancia.

No encontró ninguno.

Buscó las montañas donde había nacido.

Solo encontró ruinas.

Finalmente llegó hasta el mar.

Allí se quedó contemplando el horizonte.

Y por primera vez desde que el mundo
había aprendido a temer su fuego,

el dragón lloró.

Lloró por un mundo
que estaba desapareciendo.

Una lágrima cayó sobre la arena.

Y donde cayó,
brotó una pequeña luz.

Entonces comprendió.

El mundo no estaba muriendo.

Estaba cambiando.

Muy lejos de allí,
en una habitación pequeña,
un hombre continuaba escribiendo.

Era el último de los poetas.

Solo tenía una mesa,
una lámpara
y un montón de páginas.

Escribía contra el olvido.

Escribía los nombres de los dioses.

Escribía los nombres de los muertos.

Escribía sobre los árboles
que ya no existían.

Sobre los dragones
que habían dejado de volar.

Sobre los reyes
cuyas coronas dormían bajo la tierra.

Escribía sobre la Niebla
y sobre quienes se enfrentaron a ella.

Escribía sobre el amor
que había atravesado la muerte.

Escribía sobre el tiempo
que había devorado los siglos.

Y mientras escribía,
algo comenzó a crecer fuera de su ventana.

Una pequeña semilla.

Nacida de la tierra antigua.

La misma tierra
que había conocido el primer amanecer.

El poeta dejó la pluma.

Miró la semilla.

Y comprendió que toda historia
termina de la misma manera:

con algo que muere

y algo que comienza.

Entonces salió de la habitación.

Caminó hasta el lugar
donde terminaban las ruinas.

Cavó un pequeño agujero
y enterró allí sus páginas.

No todas.

Guardó una.

La última.

Después cubrió la tierra
y puso sobre ella una piedra.

No escribió su nombre.

Solo dejó una frase:

«Aquí duerme todo aquello
que el mundo no quiso recordar.»

Y regresó a casa.

Pero antes de cerrar la puerta,
miró una última vez hacia el cielo.

Ya casi no quedaban estrellas.

Entonces sonrió.

Porque había comprendido
el secreto que los antiguos
habían buscado durante milenios:

el mundo no necesita dioses para continuar.

Necesita memoria.

Necesita esperanza.

Y necesita alguien
que sea capaz de contar la historia
cuando todos los demás hayan callado.

Por eso escribió una última vez.

No sobre el fin.

No sobre la muerte.

No sobre la oscuridad.

Escribió sobre el alba.

Y cuando terminó,
cerró los ojos.

La lámpara se apagó.

El último poeta murió.

Pero bajo la tierra,

donde sus palabras dormían,

la semilla comenzó a abrirse.

Y sus primeras raíces
buscaron la luz.

Entonces, por primera vez en mil años,

una nueva estrella apareció en el cielo.

Después otra.

Y otra.

Y en algún lugar muy lejano,
un niño que todavía no conocía
ninguna de aquellas historias
levantó los ojos hacia ellas.

Y comenzó a cantar.

Así termina el tiempo de los antiguos.

Así comienza la historia de los que vienen después.

Y así, mientras exista una voz que recuerde,
el canto jamás tendrá final.


2 comentarios:

  1. Creo que en conjunto se lee : el mundo de los antiguos, como va desapareciendo reys, poetas, dragones.
    Aunque después brote una semilla que origina una luz, nueva esperanza y quizás nuevos bardos

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    1. Todo se descubrirá en las cinco sentencias de bardo que se deben leer después de cada cinco poemas y con el colofón que dicho sea de paso están aún por escribir😘😘😘

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