Numancia
Sobre un cerro de vientos castellanos
se alzó Numancia frente al poder romano;
ni el hambre ni el asedio cotidiano
doblegaron sus ánimos humanos.
Pasaron los inviernos más tempranos,
cerrando el cerco firme y soberano;
pero el espíritu numantino
resistió con orgullo sobrehumano.
Cuando llegó el final de la contienda
y ya no hubo esperanza de victoria,
eligieron la honra antes que el yugo.
Por eso, mientras viva la leyenda,
arderá su recuerdo en nuestra historia
como símbolo eterno de un pueblo enjuto.






