Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

domingo, 1 de febrero de 2026

Diario de Guerra-9- Hambre

El hambre no llegó como una urgencia, sino como una costumbre nueva.

Al principio fue solo una molestia: colas más largas, menos pan, sustituciones que nadie terminaba de entender. Luego empezó a sentirse en el cuerpo, en la forma de caminar más despacio, en el cansancio que no se iba con el sueño. 

En Lavapiés, Tomás aprendió a calcular las horas según lo que quedaba en la despensa.

El mercado ya no era un lugar de encuentro, sino de espera. La gente hablaba poco. Nadie se quejaba en voz alta. Quejarse exigía una energía que ya no sobraba. Tomás observaba manos huesudas, miradas fijas, gestos de resignación. Pensó en Manuel, en cómo habría hecho cola como los demás, sin destacar.

En Vallecas, Elena resolvía como podía. Sabía dónde conseguir algo más, a quién preguntar sin exponerse, qué intercambiar. No era astucia, sino aprendizaje rápido. El hambre obligaba a moverse, y moverse con cabeza era una forma de protección.

Una tarde, Elena le dio a Tomás un trozo de pan envuelto en papel.

—Guárdalo —dijo—. No lo comas ahora.

Tomás obedeció sin preguntar. Aquello, tan simple, le pareció un acto de confianza más profundo que cualquier promesa.

Comían menos, pero también hablaban menos. El hambre reducía las palabras a lo esencial. Lo superfluo se caía solo. En ese silencio nuevo, Tomás empezó a comprender que la guerra no se vivía solo en los frentes, sino en cada cuerpo que aprendía a resistir con menos.

Madrid seguía funcionando, pero a ralentí.

Como si se sostuviera por pura inercia.


1 comentario:

  1. Al final es un sometimiento en general, la guerra es más fuerte..
    En principio las lágrimas fluyen dentro.

    Besos Gustavo

    ResponderEliminar