Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

lunes, 2 de febrero de 2026

Diario de Guerra-11-El Miedo se Aprende


El miedo, como casi todo, se aprende.

No llegó con sobresaltos, sino con rutina. Madrid había incorporado el peligro a su respiración diaria. Se hablaba menos, se preguntaba con cuidado, se caminaba con un objetivo claro, aunque fuera fingido. El miedo había dejado de ser una reacción para convertirse en un método.

Tomás lo notó en sí mismo una mañana cualquiera. Salió de casa y, sin pensarlo, miró primero hacia un lado, luego hacia el otro, midiendo la calle antes de avanzar. Se dio cuenta tarde de que ese gesto no lo había decidido: había surgido solo. No le gustó. Tampoco pudo evitarlo.

En la corrala, algunos vecinos ya no estaban. No se comentaba. Los huecos se aceptaban como se acepta una gotera persistente: incómoda, pero inevitable. Tomás empezó a recordar quién sabía qué cosa, quién había dicho qué en voz alta. La memoria se volvía selectiva, defensiva.

En Vallecas, Elena había afinado aún más sus hábitos. Sabía cuándo una conversación debía terminar, cuándo una mirada significaba aviso y cuándo era solo cansancio. No sentía orgullo por ello. Sentía eficacia. El miedo, bien aprendido, podía salvarte la vida.

Se vieron una tarde breve. Tomás le contó que había cambiado de opinión sobre algunas cosas, pero no supo decir cuáles.

—Eso es normal —dijo Elena—. Lo raro sería no hacerlo.

Caminaron unos metros en silencio. El ruido de la ciudad era distinto ahora: más apagado, más contenido. Madrid ya no gritaba tanto; observaba.

Tomás comprendió que el miedo no siempre paralizaba. A veces enseñaba a moverse mejor. Y esa idea lo inquietó más que los tiros de los primeros días.


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