Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

martes, 10 de marzo de 2026

La Caída del Velo-2

 



Capítulo II

 

La profecía olvidada

 

El interior de la iglesia estaba en silencio.

Las velas proyectaban sombras largas sobre las paredes de piedra, y el círculo de runas en el suelo brillaba débilmente como si estuviera respirando.

Ainé no apartaba la mirada del hombre.

—¿La guerra… entre mundos?

Héctor Valcárcel asintió lentamente.

—Durante siglos, el Velo separó Lúmbria del mundo humano.

Caminó despacio alrededor del círculo.

—Los portales existían… pero estaban sellados.

Se detuvo frente a Ainé.

—Hasta ahora.

Noa dejó su mochila en el suelo.

—El Urco casi cruzó.

El rostro del anciano se volvió serio.

—Entonces el tiempo se ha acabado.

Bastián levantó la mano.

—Perdón.

Todos lo miraron.

—¿Podemos volver a la parte en la que ese monstruo gigantesco casi entra a vuestro mundo?

—Porque a mí me parece importante.

Marga suspiró.

—Tiene razón.

Héctor miró a Ainé con atención.

—Cuéntamelo todo.

La joven hada relató lo ocurrido. El portal. Los ojos del Urco. La llama. Y el momento en que la sombra apareció dentro del fuego. Cuando terminó, el anciano permaneció en silencio unos segundos. Luego caminó hacia un altar antiguo al fondo de la iglesia. Debajo sacó un libro envuelto en tela negra. El polvo se levantó cuando lo colocó sobre una mesa.

—Esperaba no tener que abrir esto nunca.

Noa frunció el ceño.

—¿Qué es?

—La Crónica del Velo.

Abrió el libro con cuidado. Las páginas eran muy antiguas, escritas a mano llenas de símbolos y dibujos. Héctor pasó varias páginas hasta detenerse en una ilustración:

Una figura con alas rodeada de fuego.

Ainé se acercó.

Su corazón dio un vuelco.

—Esa soy yo.

La ilustración era muy parecida a ella. Las mismas alas. El mismo cabello. La misma llama en la mano. Pero había algo más.

El fuego estaba dividido. Mitad dorado. Mitad oscuro.

Noa murmuró:

—Eso no puede ser coincidencia.

Héctor leyó en voz baja el texto antiguo.

—“Cuando el Velo empiece a romperse…la hija de la llama despertará.”

El silencio llenó la iglesia.

El anciano continuó.

—“Su fuego traerá la luz…o abrirá la puerta a la noche eterna.”

Bastián tragó saliva.

—Eso suena muy mal.

Lórien cruzó los brazos.

—Las profecías siempre suenan peor de lo que son.

Héctor negó con la cabeza.

—Esta no.

Pasó otra página.

En el dibujo aparecía una criatura enorme. Un lobo monstruoso rodeado de sombras. Los ojos rojos brillaban en el papel.

—El Urco.

Marga susurró:

—Entonces la profecía también lo menciona.

—Sí —respondió Héctor.

Señaló otra línea del texto.

—“La sombra antigua buscará la llama…para devorarla o convertirla.”

Ainé sintió un escalofrío.

—¿Convertirme?

Nadie respondió.

Pero todos sabían lo que significaba.

Si la llama podía mezclarse con la sombra…Entonces también podía corromperse.

Noa cerró el libro de golpe.

—Vale.

—Genial.

—Una profecía apocalíptica.

—Un monstruo gigante.

—Y portales entre mundos.

Miró a Ainé.

—No sé tú, pero yo me voy a necesitar café.

Bastián levantó una ceja.

—¿Qué es café?

—Magia humana.

De repente, el círculo de runas del suelo se iluminó. Todos miraron hacia abajo. Las runas comenzaron a brillar con una luz azul.

Héctor frunció el ceño.

—Eso no debería pasar.

La luz se intensificó.

El anciano corrió hacia el círculo.

—¡Algo está intentando abrir un portal!

Lórien desenvainó su espada.

—¿Aquí?

—Sí —respondió Héctor.

—Pero eso es imposible.

Las runas empezaron a vibrar, el aire dentro de la iglesia se volvió frío. Muy frío.

Marga levantó su bastón.

—No estamos solos.

La luz azul explotó en el centro del círculo. Una grieta apareció en el aire. Pequeña pero estable.

Y desde el otro lado…una voz habló.

Una voz que Ainé reconoció inmediatamente.

—Ainé.

La joven hada abrió los ojos con sorpresa.

—No puede ser.

Una figura cruzó lentamente el portal.

Alta. Cubierta por una capa oscura. Cuando la luz iluminó su rostro, Lórien dio un paso atrás.

—Imposible…

Ainé susurró el nombre.

—Elarion.

El elfo la miró con una sonrisa fría.

—Cuánto tiempo.

Marga palideció.

—El hermano de Lórien.

El silencio cayó como una piedra.

Lórien apretó la espada.

—Tú moriste.

Elarion inclinó la cabeza.

—Eso creíste.

Sus ojos brillaban con una sombra extraña.

—Pero el Urco tenía otros planes.

Noa miró a Héctor.

—Dime que esto no es lo que creo.

El anciano respondió en voz baja.

—Hay alguien ayudando a la sombra.

Elarion levantó la mirada. Y sonrió.

—Exacto.

—Y esta guerra… apenas está empezando.

 


1 comentario:

  1. Este texto me parece intrigante , misterio y pasión.

    Un café y a entrenar.

    La luz del sol tímida arropa como un beso.

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