Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

lunes, 2 de marzo de 2026

La Llama de Lúmbria-4

 





IV. La Llama y el Sacrificio



El faro del Alba estaba custodiado por espíritus transparentes, antiguos como la marea. Para obtener la Llama, debían ofrecer algo de igual valor.


—El fuego no se entrega sin precio —susurraron las voces del viento.


Fiz ofreció su risa, la más contagiosa de Lúmbria, pero no fue suficiente. Lórien ofreció su espada, forjada en la primera luna, y los espíritus vacilaron.


Ainé comprendió entonces lo que debía hacer. Se adelantó, temblando.


—Ofrezco mi brillo —dijo—. Que mis alas pierdan su luz si con ello salvamos el bosque.


Las hadas viven de su resplandor; perderlo era renunciar a su esencia. Los espíritus aceptaron.


Una chispa dorada descendió del faro y se posó en manos de Iria. En ese instante, las alas de Ainé se tornaron opacas, como pétalos marchitos.


El regreso fue silencioso.



V. La Noche del Solsticio



Cuando alcanzaron la Pedra Negra, la grieta se había ensanchado. Sombras reptaban por el suelo. El Urco, más sólido ahora, se alzaba frente al monolito.


—Llegáis tarde —rugió.


Iria colocó la Llama en la grieta. El fuego ardió sin consumir la piedra, expandiéndose como raíces luminosas. Lórien sostuvo a Ainé, debilitada pero firme.


El Urco atacó con furia. El bosque entero respondió: las mouras entonaron cantos, los trasgos lanzaron piedras encantadas, las meigas dibujaron círculos de protección. Incluso los humanos, sin saberlo, encendían hogueras en la costa, como en Muxía y aldeas cercanas, reforzando el eco del ritual ancestral.


La Llama creció hasta envolver la Pedra Negra. Con un estruendo profundo, la grieta se cerró. El Urco lanzó un último alarido antes de desvanecerse, sellado de nuevo en las entrañas de la tierra.


El silencio posterior fue tan puro que dolía.



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