Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

domingo, 1 de marzo de 2026

La Llama de Lúmbria-2


 


II. La Profecía de la Pedra Negra



En lo alto de una colina se alzaba la Pedra Negra, un monolito antiguo cubierto de runas que ni siquiera los elfos comprendían del todo. Se decía que allí se selló, en tiempos remotos, a una criatura nacida del resentimiento de la tierra: el Urco de la Sima, un espíritu sombrío con forma cambiante, a veces lobo, a veces sombra, a veces bruma que asfixia.


Una noche, Ainé voló más allá de los límites permitidos. Sentía el llamado de la piedra. Al posarse sobre ella, la superficie vibró como si respirara. Las runas se iluminaron con un resplandor rojizo y una grieta, fina como un hilo de sangre, cruzó el monolito.


—No —susurró una voz antigua desde las profundidades—. Aún no es tiempo.


Ainé retrocedió, pero ya era tarde. La grieta quedó abierta.


Al amanecer, Lórien convocó consejo. Los elfos habían percibido la fractura. Las meigas confirmaron el presagio: el sello se debilitaba. Si la Pedra Negra se quebraba por completo, el Urco regresaría, trayendo consigo desolación y olvido.


—Necesitamos la Llama de San Xoán —dijo una meiga de ojos grises—. Solo el fuego nacido del solsticio puede reforzar el sello.


La Llama de San Xoán no era un fuego común. Cada año, durante la noche más corta, humanos y seres mágicos celebraban en secreto el antiguo rito del solsticio, tradición que aún pervive en lugares como A Coruña, donde las hogueras iluminan la costa. Pero en Lúmbria existía una chispa primordial, guardada en la Isla del Alba, más allá del mar interior.


Para alcanzarla, debían cruzar territorios prohibidos.


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