Así lo dijeron los primeros bardos
cuando el alba aún era joven
y los hijos de la luz
aprendían a nombrar las estrellas:
Recordad a los que despertaron con el primer amanecer,
a los árboles que guardaron la memoria de las edades,
a la luna que aprendió a llorar
y al fuego del primer dragón.
Recordad a quienes recibieron
la custodia de los bosques olvidados,
pues no hay juramento pequeño
cuando se pronuncia ante la eternidad.
Todo cuanto nace de la luz
lleva consigo una sombra.
Todo cuanto ama
conoce algún día la pérdida.
Y todo cuanto vive
deja una huella en el tiempo.
Pero mientras una voz recuerde
el canto de los árboles,
mientras alguien levante los ojos
hacia la luna,
mientras el fuego antiguo
siga durmiendo bajo las montañas,
el primer amanecer no habrá terminado.
Y cuando la Niebla venga
a reclamar lo que un día fue suyo,
que los hijos de la tierra recuerden:
la oscuridad puede cubrir el mundo,
pero jamás podrá borrar
aquello que la memoria se niega a entregar.
El recuerdo y la memoria en primer lugar.
ResponderEliminarEn cuanto a la niebla se podrá interpretar al final.
Pero la memoria permanece en otra generación.
Un beso.