En tierra gris donde la infancia calla,
marcharon pies que apenas saben juego;
la noche fue su manta y su sosiego,
y el miedo, sombra fiel que nunca falla.
Llevaron en las manos la metralla
cuando debieron abrazar el fuego
del hogar y del pan; mas el apego
murió bajo la voz que todo avasalla.
¡Oh, cuánta primavera fue truncada
antes de florecer sobre la herida
de un mundo que negocia con la espada!
Que vuelva al fin la risa detenida,
y encuentre cada infancia arrebatada
la paz, la luz, la escuela y la salida.
Creo que te sobra talento.
ResponderEliminarTú poema es un grito a la esperanza.
Gracias María. Ojalá se acaben las guerras.
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