Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Cantar del bardo II

 El cantar del corazón errante

Escuchad ahora,
vosotros que habéis amado alguna vez
sin preguntar a dónde conduce el camino.

Dejad que el fuego repose,
que callen las espadas
y que los viejos árboles
guarden silencio por un instante.

Porque esta no es la historia de los reyes,
ni la de las guerras,
ni la de aquellos que conquistaron
tierras y coronas.

Esta es la historia
de los corazones que caminaron
allí donde ningún mapa
podía señalar un sendero.

Hubo un tiempo
en que los antiguos creyeron
que la muerte era la frontera final.

Pero estaban equivocados.

Hay amores que atraviesan sepulcros,
sombras que permanecen
cuando el cuerpo abandona la tierra,
almas que buscan durante siglos
aquello que perdieron en una sola noche.

Y cuentan los bardos
que una princesa amó a un fantasma,
y que su amor desafió
la frontera entre los vivos y los muertos.

Cuentan también
que un caballero entregó su sombra
por una promesa cuyo precio
solo el tiempo habría de revelar.

Y en los bosques antiguos
hubo un hada
que contempló a los mortales
y deseó conocer su breve existencia,
aunque para ello tuviera que abandonar
la eternidad de su propia sangre.

También hubo un inmortal
que había visto levantarse imperios,
caer ciudades
y apagarse generaciones enteras.

Había conocido todos los amaneceres,
pero jamás había comprendido
por qué los mortales lloraban
cuando llegaba la noche.

Hasta que una última lágrima
le enseñó aquello que mil siglos
no habían podido enseñarle.

Y más allá de los bosques,
más allá de los reinos conocidos,
hubo dos seres pertenecientes
a mundos que jamás debieron encontrarse.

Entre ellos se levantaron fronteras
que ni los reyes podían derribar,
juramentos que ningún corazón
habría querido pronunciar
y caminos que conducían
en direcciones contrarias.

Pero el amor no conoce fronteras.

Cruza mares sin nave,
atraviesa siglos sin envejecer
y encuentra, entre miles de rostros,
aquel que una vez llamó suyo.

Así comenzaron las crónicas
del corazón errante.

Crónicas que no fueron escritas con tinta.

Fueron escritas con despedidas,
con promesas pronunciadas en secreto,
con nombres susurrados al viento
cuando ya nadie respondía.

Porque el corazón conoce caminos
que los pies jamás recorrieron.

Y a veces reconoce
lo que la memoria ha olvidado.

Pero todo amor verdadero
guarda una puerta.

Y detrás de esa puerta
espera el precio de haber amado.

Algunos pagaron con lágrimas.

Otros, con la memoria.

Otros entregaron su propia sombra
para conservar un instante de luz.

Otros renunciaron a la eternidad
por conocer durante un instante
la fragilidad de una vida mortal.

Y hubo quienes,
por amar más allá de los límites
que los antiguos dioses habían trazado,
tuvieron que elegir
entre vivir juntos
o vivir para siempre separados.

No preguntéis cuál fue la elección.

Los bardos aprendieron hace mucho
que ciertas respuestas
pertenecen solamente a quienes las vivieron.

Solo sabemos esto:

Cuando el primer amanecer terminó,
los hijos de la luz descubrieron el mundo.

Pero cuando el corazón errante despertó,
descubrieron algo mucho más peligroso:

que no existe oscuridad más profunda
que perder aquello que amamos,
ni luz más poderosa
que encontrarlo de nuevo.

Por eso, cuando escuchéis una voz
llamar vuestro nombre desde la distancia,

no preguntéis quién llama.

Seguidla.

Puede ser un fantasma
que aún recuerde vuestro rostro.

Puede ser una sombra
que camine sin dueño.

Puede ser un sueño
nacido en el corazón de un hada.

Puede ser la lágrima de un inmortal
cayendo después de mil años.

O puede ser alguien
que pertenece a otro mundo
y que, sin embargo,
ha encontrado el camino hasta vosotros.

No tengáis miedo.

Porque hay puertas
que solo se abren una vez.

Hay sombras que solo existen
mientras alguien las recuerda.

Y hay amores
que desafían a la muerte,
al tiempo
y hasta a los propios dioses.

Porque mientras exista un corazón
capaz de amar aquello que ha perdido,
ningún adiós será completamente eterno.


2 comentarios:

  1. La belleza impregna todo el texto. El bardo en mi opinión el que canta historias escucharlo pues es primordial,. Vuelve la belleza del mundo, de la montañas, el amor puro, las almas buscándose por siglos.
    La atmósfera de tu poema es sutil , de una belleza inmensa.

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