Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

jueves, 3 de septiembre de 2026

Cantar del bardo III

 El cantar de la Niebla Negra

Escuchad, hijos de la aurora,
pues llega ahora el tiempo
que los antiguos temieron nombrar.

Durante muchas edades
la tierra conoció la paz.

Los bosques crecieron sobre las ruinas,
los ríos olvidaron el sabor de la sangre
y los reinos levantaron sus torres
creyendo que durarían para siempre.

Pero ninguna paz es eterna.

Porque mientras los hombres dormían
y los elfos cantaban bajo las estrellas,
más allá de las montañas antiguas
la Niebla comenzó a moverse.

Primero fue apenas un susurro.

Después, una sombra sobre los caminos.

Luego cubrió los valles,
entró en los bosques
y apagó las hogueras
de quienes caminaban durante la noche.

Donde pasaba,
los pájaros olvidaban sus canciones.

Los árboles cerraban sus hojas.

Los ríos dejaban de reflejar las estrellas.

Y aquellos que contemplaban la Niebla
sentían que algo dentro de ellos
había comenzado a olvidar.

Entonces sonaron las trompetas.

Siete reyes abandonaron sus tronos
y reunieron sus ejércitos.

Siete coronas distintas,
siete pueblos enfrentados durante siglos,
alzaron por primera vez
un mismo estandarte.

No marcharon por gloria.

Ni por conquista.

Marcharon porque detrás de ellos
quedaban sus hijos,
sus hogares
y las tumbas de sus antepasados.

Pero los reyes no sabían
que bajo sus propios pies
dormía un ejército más antiguo
que sus coronas.

En las profundidades de la tierra
las raíces comenzaron a despertar.

Raíces que habían visto nacer
los primeros árboles.

Raíces que recordaban
el tiempo anterior a los reinos.

Raíces que aguardaban
el día en que la tierra misma
tuviera que levantarse para defenderse.

Y entonces,
cuando los cielos se oscurecieron
y la esperanza parecía una llama a punto de morir,
los antiguos buscaron un arma
que ningún rey pudiera comprar.

Una espada forjada
no con el hierro de las montañas,
sino con la luz caída
de una estrella moribunda.

Dicen que quien la empuñara
no vencería por ser el más fuerte,
sino por ser capaz
de caminar hacia la oscuridad
sin permitir que la oscuridad
caminara dentro de él.

Y llegó el día.

El día en que los ejércitos
se encontraron en un valle
cuyo nombre fue borrado de los mapas.

Allí no hubo canciones de victoria.

Solo acero.

Fuego.

Gritos.

Y miles de sombras
corriendo bajo un cielo sin estrellas.

Allí los siete reyes comprendieron
que no luchaban únicamente por sus reinos.

Luchaban por la memoria del mundo.

Porque si la Niebla vencía,
no quedaría nadie
para recordar que alguna vez existió la luz.

Y cuando la batalla terminó,
solo uno de los guerreros
permaneció de pie.

No era rey.

No llevaba corona.

No había sido elegido por los dioses.

Era simplemente un hombre
que había visto caer a sus hermanos
y que aún conservaba en el corazón
una promesa hecha antes de partir.

Entonces levantó su espada
hacia el cielo ennegrecido
y cantó.

Cantó por los muertos.

Cantó por los vivos.

Cantó por los que todavía no habían nacido.

Y su voz atravesó la Niebla
como una pequeña llama
en mitad de una noche interminable.

Los bardos dicen
que aquella fue la última canción
que se escuchó antes del silencio.

Pero los bardos también dicen
que ninguna canción verdadera
desaparece del todo.

Porque la espada puede quebrarse.

Los reyes pueden morir.

Los ejércitos pueden convertirse en polvo.

Incluso los nombres pueden borrarse
de las piedras.

Pero mientras quede una voz
que recuerde por qué se luchó,

la Niebla no habrá vencido.

Por eso escuchad,
vosotros que venís después.

Cuando la oscuridad cubra los caminos,
no preguntéis cuántos son vuestros enemigos.

Preguntad cuánta luz
sois capaces de llevar dentro.

Porque llegará una guerra
en la que no bastará con vencer.

Habrá que recordar.

Habrá que resistir.

Y habrá que cantar
cuando ya no quede nadie
para escuchar.

Pues algunas guerras
no se libran para conquistar el mundo,
sino para impedir
que el mundo sea olvidado.


1 comentario:

  1. Creo que el texto se centra en la niebla ese oscuro que amenaza con todo. . Siete reyes y siete pueblos se unen para devolver la luz.
    Encierra también un enigma en el texto que pueda ser haga que releer
    Me gusta el punto de leyenda del texto.
    Alguien tiene que contar historias para que el mundo no olvide.

    Me gusta, como siempre.

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