Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

viernes, 24 de julio de 2026

La canción de los árboles eternos

 En el centro del bosque antiguo,

donde la niebla besaba la tierra
y las raíces bebían los secretos
guardados por la sangre de las eras,

crecían los árboles eternos,
señores del tiempo y del silencio,
gigantes de corteza dorada
con el corazón lleno de recuerdos.

No eran simples árboles dormidos,
ni ramas mecidas por el viento;
eran los guardianes del mundo,
los primeros hijos del universo.

Cada hoja que caía en otoño
era una historia que terminaba,
cada semilla bajo la tierra
un sueño nuevo que despertaba.

Los elfos acudían a ellos
cuando el dolor vencía sus almas,
pues los árboles conocían palabras
que ningún sabio había pronunciado jamás.

—Escucha —decían las raíces—,
no temas al paso del tiempo.
La montaña también fue una piedra,
y la estrella también fue fuego.

—Todo aquello que amas perdura,
aunque cambie su forma y su nombre.
El río nunca pierde su camino,
aunque viaje lejos del monte.

Los más ancianos de los elfos
aprendían la lengua secreta
que hablaban los bosques al alba
cuando la luz rompía la niebla.

Era una música sin sonido,
una melodía sin dueño,
un canto nacido del mundo
antes incluso que el primer sueño.

Decían que quien la escuchaba
jamás volvía a ser el mismo,
porque descubría que la vida
era un breve y hermoso camino.

Pero llegó una edad de ceniza,
cuando los hombres olvidaron la armonía,
cuando cortaron los bosques sagrados
por oro, poder y ambición vacía.

Las hachas rompieron los troncos,
el fuego devoró la memoria,
y muchos árboles eternos
cayeron al suelo de la historia.

El último de los grandes robles,
herido por manos humanas,
antes de cerrar sus ojos verdes
pronunció estas palabras:

—No maldigáis a los hombres,
pues también ellos están perdidos.
Quien destruye aquello que ama
es porque olvidó su propio destino.

Y con un último suspiro
entregó al viento su canción.
Desde entonces, en las noches tranquilas,
puede escucharse su antigua voz.

Porque los bosques no mueren.

Duermen.

Esperan.

Y bajo la tierra profunda
donde nadie mira ni recuerda,
las raíces siguen cantando
la canción de los árboles eternos.


1 comentario:

  1. Una cadencia maravillosa.tu poema.

    Dan ganas de vivir en el.

    Sabe a frescura, a besos. Un mundo hermoso.

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