Cuando el último verso
del alba fue pronunciado,
el mundo
cerró lentamente
sus inmensos párpados.
Los dragones
plegaron las alas
bajo montañas
que aún respiraban fuego.
Los árboles eternos
hundieron sus raíces
un poco más
en la memoria del tiempo.
La luna,
después de derramar
su primera lágrima,
guardó silencio
para no despertar
a los sueños.
Los ríos
continuaron su viaje,
pero ya no corrían
con la impaciencia
de la juventud.
Habían aprendido
que todo camino
es también
una forma de permanecer.
El viento
recogió las voces
de los elfos,
el perfume
de las flores invisibles,
el rugido lejano
del primer dragón,
y los escondió
entre las páginas
de un libro
que todavía
nadie había escrito.
Entonces
la tierra soñó.
Soñó
con reinos
que aún no existían.
Con amores
que desafiarían
el destino.
Con héroes
que olvidarían
sus nombres
para salvar
el nombre
de los demás.
Pero también soñó
con la envidia,
con el miedo,
con la ambición
que nace
cuando un corazón
confunde el poder
con la grandeza.
Porque ningún jardín,
por perfecto que sea,
permanece siempre
libre de espinas.
Y ninguna estrella,
por brillante que arda,
escapa para siempre
a la llegada
de la noche.
Sin embargo,
allí donde la sombra
extiende su manto,
una semilla
comienza siempre
a despertar.
Así lo quiso
el antiguo equilibrio.
Así lo cantaron
las raíces.
Así lo aprendieron
las aguas.
Quien haya escuchado
los Cantos del Alba Antigua
sabrá
que toda creación
es una promesa,
y que toda promesa
espera
el instante
en que alguien
decida cumplirla.
Ahora
el bosque calla.
Las montañas esperan.
Las estrellas contienen
su respiración.
Y el mundo,
como un viejo bardo
antes de entonar
la siguiente estrofa,
permanece inmóvil.
Porque el alba
ha terminado.
Y es el corazón
quien debe hablar.
Sentimientos encontrados.. Una leyenda preciosa.
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