Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

sábado, 15 de agosto de 2026

Coda III



No toda ceniza

es recuerdo

del fuego.

Algunas

guardan en silencio

la semilla

del bosque futuro.

El valle

respiraba despacio.

La lluvia

había lavado

el hierro

de las piedras.

Los ríos

conducían

hacia el mar

las últimas sombras

de la batalla.

En las ramas

volvieron los nidos.

En las grietas

de los muros caídos

brotó el tomillo.

Las abejas

regresaron

sin preguntar

quién había vencido.

Porque la naturaleza

nunca celebra

la derrota.

Solo reconoce

el instante

en que la vida

decide comenzar de nuevo.

Los siete robles,

aún jóvenes,

crecían

sobre la espada dormida.

Sus raíces

abrazaban el acero

como una madre

abraza

la mano

de un hijo

que ha dejado

de temer.

Las hojas

aprendieron

una nueva música.

Era la del viento

cuando atraviesa

un bosque

que ha sobrevivido

a la tormenta.

Entonces,

el Árbol de la Memoria

dejó caer

una sola bellota.

Nadie la vio.

Cayó

entre el musgo,

donde la tierra

conserva

los secretos.

Pasarían siglos

antes de que alguien

descubriera

el árbol

que nacería de ella.

Así obran

las verdaderas victorias.

No buscan

el aplauso.

Prefieren

convertirse

en raíces.

Y mientras

la última brasa

se apagaba

sobre el horizonte,

el alba

volvió a vestirse

de oro.

No era

la misma luz.

Había atravesado

la noche.

Y por eso

brillaba

con una dulzura

que solo conocen

las cosas

que han sufrido.

Los viejos bardos

cerraron sus arpas.

Los reyes

dejaron sus coronas

sobre la mesa

del consejo.

Los niños

volvieron

a perseguir

mariposas.

Y el mundo,

cansado,

pero entero,

aprendió

que toda paz

es una tarea,

y todo amanecer,

una responsabilidad.


Y el mundo aguardó la siguiente palabra.


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