Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

jueves, 17 de septiembre de 2015

Bailando Sola




“Si tú supieras lo que es ver al sol
Morirse de ganas de dar de lleno en
La pared de un cuarto sin ventanas”
 
Un Cuarto Sin Ventanas, Marea 




Si emerjo de la ruina de mi propia voladura.
Abandono.
Hiedra de mi vida, por favor arriemos
Las velas y zarpemos al vacío.
Caminando se hace camino.


Al poner en un saco tus besos y los míos,
Cien desplantes a los recuerdos de cuando niño.
Los tengo marcados.
Princesa no te rías de mí.
Déjame volar por el aire del suspiro.


Cruzo mis brazos esperando
Una señal, una cálida sonrisa,
Un movimiento decadente,
Intransigente y desbordado,
Que haga que te mire sonriente
Sacando con nuestros mejores abrazos
Al sol, a la luna, de su letargo y documenten
Su escarceo entre las estrellas.


Mi media sonrisa me delata,
Te dice ven aquí. He sido y soy
Lo que te dijeron antaño,
El que te quiere y te ha querido,
El que muere y mata
por unos ojos de gata,
Por un espíritu perdido.

A través de las olas,
Refugio de navegantes
Te veo bailar sola,
Esta vez no fui contigo.
Me quedé distante,
En los paraísos de tu olvido.


Llora la luna,
Repiquetean los silencios marcados
En el pentagrama de la vida, señalando
El tiempo que se agota,
Con relojes de arena oxidados,
En corazones de piedra y arena.
Resquebrajando gota a gota
La sangre de mis venas.

Me pongo de pie y grito.
Ya no siento el frío.
No me oyes quererte,
No escuchas mi ronca voz
Chillar tu nombre.
Te veo y te echo de menos.
El tiempo no me deja,
La lápida, sigue aprisionando
Sobre mi cuerpo inerte.

El Señor de la Niebla (II)


Fueron silenciosas y largas las horas en las que el joven príncipe diseñó su plan para acabar con el nigromante. Más de tres años encerrado en un sucio cubil de la torre más oscura del palacio de Bruynnen, a las afueras de la capital de Kcorl dan para muchas cavilaciones. Conseguiría escapar. Seguro. 
El sacrificio de su padre y de toda su familia no sería en vano. Recordaba cómo Angmar apuñalaba por la espalda a Lilian y degollaba a su madre delante de él, con la reticencia del Duque Percy.
 
Resultado de imagen de castillo caballeroJusto un momento antes del cambio de guardia nocturna, Dorian se hizo el muerto. El centinela abrió la puerta del calabozo para comprobar el estado del príncipe y en un movimiento sutil, le partió el cuello sin ruido. Cambió sus ropas y salió a la galería, cerrando la puerta tras de sí, dejando al centinela abatido, tumbado en la cama como si durmiera. Dorian se  confundió entre la soldadesca como un guardia más. 
El primer paso de su venganza, ya se había dado con éxito. Pasó toda la noche y todo el día siguiente corriendo sin parar, ya se habrían enterado de su fuga y estarían todos los ejércitos del rey buscándole. Tendría que correr y correr buscando refugio en tierras lejanas donde no le conocieran y así poder preparar las tesituras de  su venganza.
Pasaron doce duros meses hasta que Dorian se encontró preparado, ya tenía el aspecto del fiero  guerrero que había sido, el señor de los ejércitos armado con su espada y yelmo. Acompañado de un precioso corcel negro, Asgaroth.
Llegó el momento de partir, de devolver Kcorl a su dueño.
Bajo el muro del acantilado, donde desembocaban las letrinas, esa era su única entrada y salida. Por allí pasaría.
Treparía por el interior de las compuertas y alcanzaría el exterior de la torre del homenaje, alzándose a pulso sobre el ventanuco que daba directamente a los aposentos de Angmar. Sólo dispondría de cinco minutos antes del cierre de las compuertas y del cambio de guardia. Le bastaban, conocía el castillo de su padre palmo a palmo.  Era su momento, había llegado la hora de empezar a saldar deudas. ¡Cuatro años de calvario! El día había llegado.
Entró por ella apartando la pesada cortina que impedía que el viento se colara en su interior. La estancia era muy sencilla. Gruesas alfombras cubrían el suelo y, justo en el centro, se hallaba un palio que ocultaba su interior a los ojos de Dorian. Por lo demás, ni muebles, ni ornamentos, ni lujos,  ni nada de nada. Lentamente se fue acercando al toldo.
Asomó la cabeza y se encontró con los ojos en blanco de Angmar que reposaba en un sillón de madera tallada. Advirtió que no podía verlo, que sus ojos, de un blanco brillante, correspondían a alguien en un estado de trance inducido por algún tipo de encantamiento.
Con la rabia emergente de los años encarcelado y  sabiendo la muerte de toda su familia, Dorian asestó un tajo con su espada a la altura del cuello del brujo rebanándole la cabeza en un suspiro.
La cabeza rodó por el suelo hasta detenerse a los pies del príncipe. Justo en ese momento los ojos del brujo degollado lo miraron con su color natural, llenos de maldad y una malévola sonrisa se dibujó en su rostro. Un graznido espeluznante fue creciendo en intensidad desde lo más profundo de la torre, de sus entrañas.

-No reinarás nunca. Morirás.- La voz gutural del brujo retumbaba en la estancia mientras Dorian huía abiertamente por las escaleras víctima de un pánico cegador.
Tuvo que deshacerse de dos centinelas que corrían en auxilio de su amo, dos certeras estocadas y de nuevo el camino libre. Corría como alma que lleva el diablo, huyendo del mismo diablo.
El rey Percy ordenó detener a Dorian  vivo o muerto y Hazazel, capitán de la guardia del castillo formó a sus hombres y perros para salir en su busca. Les llevaba ventaja de dos días. La niebla no sería su aliada en la persecución, pero también impediría a Dorian tomar más ventaja. 

La niebla sigue creciendo en la noche dando cobijo a Dorian. Hoy  podrá dormir bien.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

El Señor de la Niebla (I)

"Un homenaje a la fantasía épica y a Tolkien. A ver qué sale. Una vez más, desconozco la cantidad de relatos que saldrán hasta completar la serie. Cada día cambio de sentido o borro todo lo anterior".




Poco a poco las sombras avanzan hasta ennegrecerlo todo. La hora bruja confunde al viajero fundiendo el paisaje en un halo oscuro. Una ligera bruma extiende su gris sudario sobre las pocas formas aun visibles y hace que el sonido de los nocturnos animales del bosque suene tenue, amortiguado. Unos ojos lo vigilan todo, en lo alto de un peñasco, una sombra otea entre la niebla. Unos ojos verde esmeralda que lo observan todo. Sabe que lo persiguen desde hace días, intentan darle caza. Son los soldados del brujo Angmar, consejero del Rey Percy. Tras una breve espera, distingue a lo lejos, por el sonido de sus pisadas y las luces de las antorchas, como a media jornada de camino, las tres columnas de soldados. Tenía tiempo de descansar al menos una hora.

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Dorian, un rastreador experimentado y heredero directo del depuesto rey Lilian, legítimo Rey de Kcorl, es ahora perseguido por  alta traición, al no reconocer a Percy como rey y quitarle la vida al inicuo Angmar.

Llevaba tres días huyendo y los soldados del ejército real cada vez estaban más cerca, no tenía todas consigo el joven Dorian, sabía que sería difícil burlar su red.

Mientras descansaba entre la espesa niebla del bosque, sin perder de vista las luces de las antorchas que avanzaban lentamente, se puso a recordar lo de prisa que pasó todo.

Hace tres días. Era un atardecer parecido al de hoy, gris, neblinoso, que borraba del mapa los edificios de la ciudad. Nadie podía verlo. Ahí estaba él Dorian, escalando por la torre del homenaje hacia las dependencias del malvado Angmar, lo tenía planeado desde hace meses, debería extirpar la dolencia de su país y devolverle la grandeza. Pero para derrocar a Percy, primero había que derrotar a Angmar.

martes, 15 de septiembre de 2015

Simplezas


Iba dedicado a alguien que quiso cambiar de vida y por la absurda insensatez de la sociedad cambió la vida por la muerte en la punta de una jeringuilla, pero al final creo que se me fue la iniciativa por otros derroteros más actuales.








Cansado del fetiche que abacora
La atención de los poligoneros
Busco un palafrenero...
Que me aleje del candil,
De la luna estrellada,
De las noches sin dormir.


Resultado de imagen para villa miseria“La vida es una vieja enjuta
Rodeada de hijos de puta”,
Ya lo dijo el Kutxi alguna vez.
 
Los arrabales lastran
Carruajes inhiestos
Por el inocuo caminar
De borrachos de poder,
Pendencieros,
En este mundo de fantasmas.
 
Y más temprano llegas
Buscando empezar,
Más te degeneran
Por simpleza.
 
Triste, la sociedad es simple.
Condenan sin conocer la sensatez
Pura idiotez.
 
Te dirimen por inocencia,
Te conjugan por soledad,
Te consignan lucidez abacial.

Es la podredumbre de la sociedad,
Nada más.
 
Entrecomillado, verso de Kutxi Romero, canción Marea.

La Posada de Los Cuentos

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La posada de ese cuento nos unió
La comisura de los labios.


La esfinge que la vio crecer,
En los albores de los tiempos,
En la suave luz del amanecer,
Nos regaló su último aliento.

Nos brindó la oportunidad
De burlar la oscuridad,
Del silencio del fracaso,
Del dolor de los pensamientos
Agazapados en su regazo.

Cuando pensábamos
Que no éramos nada.

La soga que teníamos que tejer
No se imagina la tormenta,
Enhebrada con la aguja del tener
Ensambló nuestros sentimientos.

Recordando que lo fuimos,
Dos obstinados viajeros
Del sendero de las ilusiones,
Donde por mal que quieras,
Renace el poder de los sueños,
De las nubes de algodón,
De duendes, príncipes y princesas,
De dos jóvenes jugando quererse otra vez.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Me Bastaría

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Me bastaría con volver a tener
En el sustento de los genios la razón.
A oliscar con mi hocico de coyote
La majestuosidad de la Luna
Al volverse bandolera.
Cobijándome en las sombras.


Me bastaría con versar al aire
Palabras de profeta chabacano,
De candiles nocturnos del pasado,
Garabatear endecasílabos pendencieros
Que hierven las venas cual calor
De los abrazos y besos retorcidos.


Me bastaría con ser el tener,
No conformarme al querer
Que fuera y que luciera por fin su luz.
Llama refulgente que
Silenciosa clama
Señales escondidas en la noche.

Mas me resguardo en  la sombra
Me cobijo en su regazo,
Contándole sentimientos
A un papel arrugado.


 

Reflexiones II

Porque nadie entiende lo que yo quiero expresar  mi niña.
Me dolió alguna vez, mucho, pero ya no siento nada, ya todo está realizado.




Y me muero por contarte lo que guardo retenido en el fondo del cajón, en ese rincón preferido lejano a mi, cerquita de mi memoria.
Y vuelco sentimientos tintados en papeles retorcidos,
arrugados, escondidos, sabiéndose muertos sin haber nacido porque fruto de mis invenciones de loco trovador salen enrevesadas frases de poeta ingenuo, desembocando en nada. Unión de palabros enjutos, de soldador de versos de ciego, yesaire de sílabas olvidadas, albañil de corazones inquietos. Y escribo pensando siempre en algo inquietante, que me altera el corazón, un te quiero, un simple beso, una bomba en Siria, un refugiado pateado, un desalojo, el ultraje de mi río Tajo, una simple vida. Escribo alumbrando desdichas y fracasos, amores sinceros, sinceros tequieros, dibujo sencillos retablos, pero no quisiera escribir lastres concursales, primero porque no soy ducho en métrica, ni quiero aunque quisiera, segundo y más importante, porque me siento libre al plasmar en tinta lo que pienso al momento, sin pensar en consecuencias, sintiendo de corazón todo lo caligrafiado, letruja a letruja, asumiendo diligencias.
Sean cuales sean.
Todas significan y magnifican las tensiones en el alma.

Y después de esta retahíla, mañana te contaré lo que guardo en el cajón de los versos olvidados, si aún no muero.