Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

lunes, 7 de septiembre de 2026

Sentencia de los bardos II

 Así lo supieron quienes caminaron

por los senderos del corazón errante:

que la muerte no separa
a quienes se han amado;

que una sombra puede perderse
cuando el corazón entrega demasiado;

que hasta un hada puede desear
la breve llama de una vida mortal;

que mil años de eternidad
pueden quebrarse ante una sola lágrima;

y que hay corazones nacidos
en mundos distintos
que, aun así, se reconocen
cuando sus caminos se encuentran.

Por eso los antiguos dejaron escrito:

No es la eternidad la que hace eterno al amor,
sino aquello que permanece
cuando la eternidad termina.

La princesa recordó al que había partido.

El caballero aprendió a vivir sin su sombra.

El hada descubrió que la mortalidad
también podía ser un regalo.

El inmortal comprendió
que perder era también haber amado.

Y quienes pertenecían a dos mundos
descubrieron que ningún abismo
es tan profundo
como para impedir que dos corazones
se reconozcan.

Así termina el segundo cantar:

No guardes el amor como se guarda un tesoro,
bajo llave y lejos de la luz.

Déjalo caminar.

Porque aquello que intentamos poseer
puede desaparecer;

pero aquello que entregamos de verdad
puede atravesar la muerte,
el tiempo
y hasta las fronteras del mundo.

Y cuando el amor haya partido,
no lo llames perdido.

Mientras alguien recuerde su nombre,
mientras una lágrima conserve su historia,
mientras una sombra siga buscando su dueño
y mientras dos mundos guarden
un mismo deseo,

el corazón errante seguirá su camino.

Y ningún reino,
ni siquiera el de la muerte,
podrá detenerlo.


2 comentarios:

  1. Texto muy romántico, la memoria siempre, sin memoria, nada
    El amor imposible, que aunque no sea eterno deja huella, la huella quizás sea la inmortalidad.
    Definitivamente hablaría mucho más en una larga conversación.

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