Así termina el tiempo de los antiguos.
Los dioses se marcharon.
Los dragones dejaron los cielos.
Los reyes se convirtieron en polvo.
La Niebla perdió su nombre.
Los bosques guardaron sus últimas hojas.
Y el tiempo, después de devorar los siglos,
creyó haber vencido.
Pero olvidó algo.
Olvidó que hubo quienes amaron
cuando amar parecía imposible.
Quienes lucharon
cuando vencer parecía inútil.
Quienes recordaron
cuando el mundo entero comenzaba a olvidar.
Quienes abrieron puertas
que jamás debieron abrirse
y quienes tuvieron el valor de cerrarlas.
Y, finalmente,
hubo un hombre que no tuvo espada,
ni corona,
ni poder alguno.
Solo tuvo palabras.
Y las palabras fueron suficientes.
Porque el último poeta comprendió
lo que los dioses habían olvidado:
que un mundo no desaparece
cuando mueren sus dioses,
sino cuando muere la última memoria
de quienes lo habitaron.
Por eso escribió.
Para los muertos.
Para los vivos.
Para los que aún no habían nacido.
Escribió para que la princesa
no amara en vano.
Para que el caballero
no caminara eternamente sin sombra.
Para que el hada
no olvidara el valor de su breve vida.
Para que el inmortal
conservara aquella última lágrima.
Para que dos mundos
recordaran que alguna vez intentaron encontrarse.
Escribió para los siete reyes
y para el guerrero sin corona.
Para los árboles eternos.
Para la luna.
Para el primer dragón.
Para el último.
Y cuando terminó,
entregó sus palabras al silencio.
Entonces los bardos dejaron escrito:
No busques la eternidad en las piedras.
Las piedras caen.
No la busques en las coronas.
Las coronas se oxidan.
No la busques en los templos.
Los templos se derrumban.
Búscala en aquello que alguien recuerda
después de que todo lo demás haya desaparecido.
Porque mientras una voz pronuncie un nombre,
mientras una lágrima recuerde un amor,
mientras una canción conserve una historia,
el olvido todavía no ha vencido.
Y cuando llegue el día
en que ya no quede ningún dios,
ningún rey,
ningún dragón
ni ningún bardo,
cuando el último libro se cierre
y la última estrella parezca apagarse,
bastará una sola voz.
Una sola memoria.
Una sola palabra.
Para comenzar de nuevo.
Porque todo final
lleva escondido un primer amanecer.
Me gusta: el tiempo creyó haber vencido .
ResponderEliminarCuando todo haya desaparecido, sólo basta con buscar una palabra, la memoria, me gusta mucho.
Todo lo que has escrito sobre los bardos me parece épico.
Frente al mar escuchando la canción más bonita del mundo.
😘😘😘
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