Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

sábado, 31 de enero de 2026

Diario de Guerra-7-La Espera

 La espera no tenía horario. No empezaba ni terminaba: simplemente se instalaba.

Madrid aprendió pronto a esperar. Se esperaba en las colas, en los portales, junto a la radio encendida a volumen bajo. Se esperaba a que pasara algo o a que no pasara nada, que a veces era peor. En Lavapiés, Tomás pasaba más tiempo dentro de casa. Leía sin avanzar páginas, escuchaba pasos que no eran para él, se asomaba a la ventana con la sensación de estar haciendo algo indebido.

Los papeles de Manuel seguían en el cajón. No los había abierto. No necesitaba hacerlo para sentir su peso.

La corrala estaba llena de presencias contenidas. Vecinos que antes se cruzaban palabras ahora se limitaban a asentir. El miedo no había llegado de golpe; se había deslizado despacio, enseñando a cada uno cómo debía comportarse.

En Vallecas, Elena también esperaba, pero de otro modo. Esperaba oportunidades para moverse, momentos seguros para cruzar la ciudad, señales mínimas de peligro. Aprendió a reconocerlas: una calle demasiado vacía, un grupo que hablaba en susurros, un silencio brusco al entrar alguien nuevo.

Dormía poco. No por insomnio, sino por costumbre. El cuerpo se adaptaba antes que la cabeza.

Se veían menos. Cuando lo hacían, hablaban de cosas pequeñas. El tiempo, el pan, alguien que ya no estaba. Nunca preguntaban demasiado. La espera les había enseñado que insistir podía ser una forma de exponerse.

Una noche, Tomás oyó pasos en la escalera a una hora inusual. Se quedó quieto, sentado en la cama, sin respirar del todo. Los pasos pasaron de largo. Tardó mucho en volver a acostarse.

La espera seguía allí cuando amanecía.

Y empezaba a dejar marcas.


1 comentario: