Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

miércoles, 26 de agosto de 2026

Coda IV

 El libro que se escribe solo

Cuando el último viajero

abandonó la Biblioteca,

nadie cerró sus puertas.

Nunca habían estado abiertas.

Nunca habían estado cerradas.

Simplemente

esperaban.

El relojero

apagó

la lámpara

que no conocía aceite.

La guardiana

de los sueños

volvió

a recorrer

los infinitos estantes.

La anciana

del Bosque de la Memoria

enterró

la última hoja

del otoño.

Y el hombre

que hablaba

con las estrellas

ya era,

él mismo,

una estrella.

Todo

ocupaba

de nuevo

su lugar.

Entonces,

un viento antiguo,

más viejo

que la primera montaña,

atravesó

el mundo.

Traía palabras.

Las hojas

de todos los árboles

comenzaron

a temblar.

En la Biblioteca,

un códice

olvidado

desde antes

del nacimiento

de los reinos,

abrió lentamente

sus páginas.

Ninguna mano

lo tocó.

Ninguna voz

leyó

sus primeras líneas.

Sin embargo,

las palabras

comenzaron

a aparecer,

una tras otra,

como gotas

de tinta

brotando

del corazón

del pergamino.

No hablaban

del pasado.

Ni del porvenir.

Hablaban

del instante

en que un hombre,

sin saberlo,

escucha

por primera vez

la voz

de la poesía.

El códice

escribía solo.

Cada verso

nacía

cuando un niño

miraba

el cielo

con asombro.

Cada estrofa

crecía

cuando alguien

perdonaba

una antigua herida.

Cada página

se iluminaba

cuando un anciano

compartía

su última historia

junto al fuego.

Y cada vez

que un corazón

elegía

la belleza

antes que el miedo,

una nueva palabra

encontraba

su lugar.

La Muchacha

del Brote de Encina

regresó

por última vez.

No abrió

el libro.

No hacía falta.

Apoyó

la mano

sobre su cubierta.

Sintió

latir

todos los poemas

que aún

no habían sido escritos.

Entonces comprendió

que ningún poeta

inventa

la belleza.

Solo aprende

a escucharla

antes que los demás.

Cuando salió

de la Biblioteca,

el alba

acababa

de nacer.

Sobre el umbral,

una pluma blanca

descansaba

entre el musgo.

No pertenecía

a ningún ave.

Era una promesa.

La promesa

de que mientras exista

alguien

capaz de nombrar

la luz,

el mundo

jamás

caerá

del todo

en el olvido.

Los árboles

inclinaron

sus copas.

Las estrellas

apagaron

sus lámparas

una a una.

Y el silencio,

que había custodiado

todos los secretos,

entregó

al fin

la palabra

a los hombres.


Y el mundo aguardó la siguiente palabra.


1 comentario:

  1. La bondad, el conocimiento. La memoria, el mundo como única respuesta.


    Cada frase, cada verso es un adagio. La realidad, lo verdaderamente hermoso.

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