Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

jueves, 27 de agosto de 2026

Cuando los dioses abandonaron la tierra


Los dioses

se marcharon

como se marchan

las grullas

cuando termina

el verano.

Sin ruido.

Sin despedidas.

Una mañana,

los oráculos

despertaron

vacíos.

Las fuentes

dejaron

de pronunciar

profecías.

Los robles

guardaron

sus antiguas voces.

Y los dragones,

desde las cumbres,

alzaron la vista

como quien comprende

que una edad

ha concluido.

Los hombres

tuvieron miedo.

Pensaron

que el mundo

había sido

abandonado.

Que el silencio

era un castigo.

Que el cielo

había cerrado

sus puertas.

Pero el anciano

que barría

la entrada

de una pequeña biblioteca

sonrió.

Llevaba

una escoba

de brezo.

Un manto

gastado.

Y una pluma

blanca

sujeta

tras la oreja.

Cada mañana

abría

las ventanas.

Sacudía

el polvo

de los manuscritos.

Cambiaba

el agua

de una jarra

con flores silvestres.

Y escribía

un verso.

Solo uno.

Jamás dos.

Porque decía

que un solo verso

verdadero

vale más

que mil palabras

nacidas

del ruido.

Un niño

que pasaba

cada día

camino del río,

le preguntó:

—Si los dioses

se han marchado,

¿quién cuidará

ahora del mundo?

El anciano

levantó

una hoja

caída

del Árbol

de la Memoria.

La sostuvo

entre los dedos.

Después respondió:

—¿Ves esta hoja?

El árbol

no la llora.

Confía

en que la tierra

sabrá

qué hacer con ella.

Así ocurre

con los dioses.

No nos dejaron

solos.

Nos dejaron

la responsabilidad

de continuar

su obra.

El niño

guardó silencio.

Aquella respuesta

era demasiado grande

para su edad.

Pero el bosque

la comprendió.

Las hojas

se estremecieron.

Los siete robles

inclinaron

sus copas.

Y una estrella,

la misma

que un día

habló

con el anciano

de la montaña,

brilló

antes

de que llegara

la noche.

Entonces,

el viejo

entró

en la biblioteca.

Abrió

un códice

de cubierta

azul oscura.

Sus páginas

estaban vacías.

Mojó

la pluma

en tinta.

Escribió

el primer verso.

Y en el mismo instante,

en algún lugar

del mundo,

un niño

inventó

su primer cuento.

Una muchacha

compuso

una canción.

Un escultor

descubrió

el rostro

que dormía

dentro de la piedra.

Una madre

cantó

para que su hijo

olvidara

el miedo.

Y un anciano

recordó

un poema

que creía

perdido.

El viejo

cerró

el manuscrito.

No parecía

sorprendido.

Solo murmuró,

como quien recuerda

una verdad

muy antigua:

—Los dioses

nunca quisieron

ser eternos.

Querían

que la belleza

aprendiera

a caminar

con pies humanos.

Aquella tarde,

el sol

se ocultó

detrás

de los montes.

Pero nadie

habló

de oscuridad.

Porque donde

un poema

encuentra

un corazón,

siempre

amanece.


Y el primer verso del último poeta comenzó a escribir el siguiente amanecer.


2 comentarios:

  1. Me sigue pareciendo tremendamente buena la historia.
    Lo central es la naturaleza en todo su esplendor. El hombre con sus sombras y luces. Lo importante es el mundo, la renovación.

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