Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

lunes, 28 de septiembre de 2026

La sombra sobre las dos tierras XIII

 El corredor descendía lentamente hacia las entrañas de la tierra. Apenas había espacio para caminar de dos en dos y, en algunos tramos, tenían que avanzar inclinados para no golpearse con las piedras del techo. Detrás de ellos, las voces de los hombres que habían entrado en la cámara se apagaron poco a poco.

Rodrigo iba el último.

Cada cierto tiempo se detenía para escuchar. Cuando finalmente dejó de oír pasos, continuó tras los demás.

—Podemos parar —dijo Aixa.

Elías negó con la cabeza.

—Todavía no.

—¿Hasta dónde llega este túnel? —preguntó Yusef.

—Hasta el río.

Samuel se volvió.

—Entonces la frase era literal.

—Algunas veces las palabras más sencillas son las que más tardamos en comprender.

Continuaron en silencio.

Martín caminaba junto a Elías. No había dejado de mirar el anillo que el anciano le había entregado.

—¿Por qué me lo das a mí?

—Porque perteneció al hombre que tu padre estaba buscando.

—¿El superviviente?

—Sí.

—¿Quién era?

Elías no respondió.

Martín insistió.

—Has dicho que uno de los tres decidió cargar con la culpa del traidor. Necesito saber quién.

El anciano siguió caminando.

—Tu padre también quiso saberlo.

—¿Y tú se lo dijiste?

—Le dije lo mismo que te estoy diciendo a ti.

—¿Qué?

—Que todavía no estaba preparado para conocer la respuesta.

Martín se detuvo.

—Estoy cansado de que todos me digan que todavía no estoy preparado.

Elías también se detuvo.

—Y yo estoy cansado de ver morir a hombres que creían estar preparados.

Martín no contestó.

Aixa observaba a ambos desde unos pasos más adelante.

—Dejadlo —dijo—. Si Elías ha esperado tantos años para hablar, quizá tenga sus razones.

Martín la miró.

—Mi padre también esperó.

—Y por eso desapareció.

La frase quedó suspendida entre ellos.

Rodrigo se acercó.

—Hay algo que no entiendo.

Elías lo miró.

—¿Qué?

—Has hablado del padre de Martín, del pacto y del hombre que sobrevivió. Pero no has explicado qué relación tenía mi padre con todo esto.

El anciano guardó silencio durante unos instantes.

—Tu padre no pertenecía al pacto.

Rodrigo frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué conocía el símbolo?

—Porque heredó una deuda.

—¿De quién?

—De su padre.

Rodrigo bajó lentamente la espada.

—Mi abuelo murió antes de que yo naciera.

—Precisamente.

El corredor volvió a quedar en silencio.

Samuel fue quien habló.

—Entonces la historia no terminó con los tres hombres.

—Nunca terminó —respondió Elías—. Cada generación heredó una parte. Algunos heredaron documentos. Otros nombres. Otros deudas.

Martín miró a Rodrigo.

—Y nuestros padres heredaron secretos.

—Sí.

—¿Y nosotros?

Elías lo observó.

—Vosotros habéis heredado las consecuencias.

Llegaron finalmente a una pequeña abertura. Una corriente de aire frío entraba desde el exterior. Elías apartó unas ramas y apareció ante ellos la orilla del río.

La noche estaba llegando a su fin.

Al otro lado del cauce, las primeras luces del amanecer comenzaban a dibujar la silueta de Toledo.

Martín se quedó mirando la ciudad.

—Ahí empezó todo.

—No —dijo Elías—. Ahí empezó lo que vosotros conocéis.

Sacó de su túnica un pequeño rollo de pergamino.

—Esto empezó mucho antes.

Se lo entregó a Samuel.

El judío desenrolló el documento con cuidado. Estaba escrito en tres lenguas.

Latín.

Árabe.

Hebreo.

—Es una copia —dijo Samuel.

—Sí.

—¿De qué?

—Del último documento que firmaron los tres.

Martín se acercó.

En la parte inferior aparecían tres nombres.

Uno en latín.

Otro en árabe.

Otro en hebreo.

Debajo había una cuarta inscripción, mucho más pequeña.

Samuel la leyó primero.

Su rostro cambió.

—¿Qué ocurre? —preguntó Aixa.

Samuel levantó la vista.

—Hay un cuarto nombre.

Rodrigo se acercó.

—¿El cuarto?

Elías asintió.

—No pertenecía al pacto.

Martín señaló la inscripción.

—Entonces ¿por qué aparece aquí?

Elías miró hacia Toledo.

—Porque fue el único de los cuatro que comprendió lo que iba a suceder.

Samuel tradujo lentamente.

—«Aquel que no jura guardará aquello que los juramentados no puedan conservar».

Martín recordó la frase de la cámara.

El cuarto guardará lo que los tres no pudieron guardar.

—El cuarto hombre —dijo.

—No sabemos quién era —respondió Elías.

Rodrigo miró el documento.

—Pero alguien lo sabe.

El anciano asintió.

—Por eso os persiguen.

Aixa tomó el pergamino.

—¿Los Valcárcel?

—Ellos conocen una parte de la historia. Pero hay otros.

—¿Quiénes?

Elías miró de nuevo hacia Toledo.

—Los hombres que saben que Alfonso está acercándose a la ciudad.

Martín sintió que aquellas palabras cambiaban el sentido de todo.

—¿Qué tiene que ver la llegada de Alfonso con el pacto?

—Quizá nada.

Elías hizo una pausa.

—O quizá sea precisamente el momento que algunos llevan treinta años esperando.

Rodrigo miró hacia las murallas.

—Toledo todavía no ha caído.

—No —respondió Elías—. Pero ya hay hombres que se están preparando para cuando caiga.

Martín comprendió entonces que la conspiración no buscaba solamente un manuscrito antiguo.

Buscaba sobrevivir al cambio que estaba a punto de llegar.

Aixa miró a Elías.

—¿Y dónde está el cuarto hombre?

El anciano tardó en responder.

—Eso es lo que vuestro padre estaba intentando averiguar.

Martín sintió que volvía a contener la respiración.

—¿Y tú?

Elías miró el anillo que llevaba en la mano.

—Yo ya lo sé.

Todos quedaron inmóviles.

—¿Quién es? —preguntó Martín.

Elías observó el amanecer sobre Toledo.

—Está dentro de la ciudad.

Y antes de que pudiera añadir una palabra más, una flecha cruzó el aire y se clavó en el tronco del árbol que había junto a ellos.

Rodrigo desenvainó la espada.

Desde la otra orilla llegaron voces.

Elías dio un paso atrás.

—Ahora sí podéis empezar a correr.

Martín tomó a Aixa del brazo.

—¿Hacia dónde?

El anciano señaló Toledo.

—Hacia donde empezó la mentira.

Y mientras los primeros rayos del sol iluminaban las murallas, los cinco echaron a correr río arriba, sabiendo que, por primera vez, el secreto de 1054 tenía un nombre que podía ser encontrado.


1 comentario:

  1. Me gusta como describes los paisajes y la ciudad de Toledo.
    Por otro lado la historia se ve envuelta en sospechas, intrigas.
    El cuarto hombre está cerca de ser descubierto.
    Estoy pensando en extraterrestres. No se.Me dejas en ascuas.

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