Capítulo VII
El sendero que se mueve
El Bosque Antiguo no era como el resto de Lúmbria.
Apenas habían caminado unos minutos cuando todos lo sintieron.
El aire era distinto.
Más denso.
Más viejo.
Los árboles eran tan enormes que sus copas desaparecían en la niebla, y sus raíces sobresalían del suelo como si fueran las espaldas de gigantes dormidos.
Los guardianes del bosque caminaban delante.
Sus pasos eran silenciosos.
Casi parecían deslizarse entre las hojas.
Uno de ellos levantó una mano.
—Seguid exactamente nuestro camino.
Noa frunció el ceño.
—¿Exactamente?
Bastián miró el suelo.
—¿Qué pasa si no?
El guardián respondió sin mirar atrás.
—Entonces el bosque decidirá por vosotros.
Nadie preguntó más.
Caminaron en silencio.
Ainé sentía algo extraño.
La llama dentro de su pecho ardía cada vez con más intensidad.
Como si algo en el bosque la estuviera llamando.
Pero también sentía la sombra.
Un susurro frío dentro de su magia.
Marga caminaba a su lado.
—¿Lo sientes?
Ainé asintió.
—El bosque.
La meiga negó lentamente.
—No.
—Algo más.
De repente el camino cambió.
Literalmente.
Un árbol enorme se movió con un crujido profundo.
Sus raíces se retorcieron bajo la tierra.
El sendero por el que caminaban desapareció.
Y otro apareció unos metros más adelante.
Noa se quedó mirando.
—Vale.
—Eso sí que no lo había visto nunca.
Héctor murmuró con asombro:
—El bosque está vivo…
El guardián respondió:
—Siempre lo ha estado.
Lórien miró alrededor con atención.
—Pero está inquieto.
El guardián asintió.
—La sombra se extiende.
De repente…
un olor llegó con el viento.
Un olor húmedo.
Oscuro.
Ainé lo reconoció inmediatamente.
—Los cazadores.
El guardián se detuvo.
Todos lo hicieron.
El silencio cayó sobre el bosque.
Luego se escuchó.
Un gruñido.
Después otro.
Y otro.
Muchos.
Demasiados.
Bastián susurró:
—Creo que nos han encontrado.
Las sombras comenzaron a moverse entre los árboles.
Primero un par de ojos rojos.
Luego cuatro.
Luego diez.
Lórien levantó la espada.
—Formad un círculo.
Los cazadores del Urco salieron de la niebla.
Eran como el primero que habían visto en el mundo humano.
Pero estos eran más.
Muchos más.
Sus cuerpos estaban hechos de sombra y hueso.
Sus garras brillaban con una energía oscura.
Noa apretó su medallón.
—Esto se va a poner feo.
El primer cazador saltó.
Lórien lo cortó en el aire con un golpe perfecto.
El cuerpo del monstruo se deshizo en humo.
Pero otros tres saltaron detrás.
Marga levantó su bastón.
Una onda de raíces salió de la tierra y atrapó a dos de las criaturas.
Bastián gritó mientras lanzaba una piedra.
—¡Toma eso!
La piedra rebotó inútilmente.
—Vale… eso no funcionó.
Ainé sintió la llama arder.
Los cazadores la rodeaban.
Pero también la temían.
Lo sentía.
La luz apareció en sus manos.
Pero esta vez no luchó contra la sombra.
La sostuvo.
La controló.
El fuego dorado giró lentamente…
y la sombra se mezcló dentro como tinta en agua.
Lórien la miró sorprendido.
—Ainé…
La joven hada levantó las manos.
La energía explotó hacia el cielo.
Un círculo de luz y oscuridad se extendió por el bosque.
Los cazadores rugieron.
Sus cuerpos comenzaron a deshacerse en humo.
Uno tras otro.
Hasta que el último desapareció.
El silencio volvió.
Solo se oía el viento entre las hojas.
Noa respiró profundamente.
—Vale.
—Eso ha sido impresionante.
Pero el guardián del bosque no sonreía.
Sus ojos estaban fijos en Ainé.
—La llama ha cambiado.
Ainé bajó las manos lentamente.
—Lo sé.
El guardián habló con voz grave.
—Entonces debemos apresurarnos.
Marga frunció el ceño.
—¿Por qué?
El guardián señaló hacia el corazón del bosque.
—Porque cuando la llama se transforma…
—El Corazón del Bosque también despierta.
En ese momento…
un pulso atravesó la tierra.
Como el latido de un corazón gigante bajo las raíces del mundo.
El bosque entero respondió.
Las hojas vibraron.
Los árboles crujieron.
Y en el centro del Bosque Antiguo…
algo enorme comenzaba a abrir los ojos.
El Corazón del Bosque los estaba llamando.

Siguen las intrigas. Me pregunto que será el corazón del bosque.
ResponderEliminarEnte nubes y Sol en la plaza todo es armonía .
Los besos se multiplican