Capítulo VI
El bosque que despierta
La luz del portal los envolvió.
Durante un instante el mundo pareció desaparecer.
El ruido de la ciudad.
El olor a asfalto mojado.
Las farolas.
Todo se desvaneció como si nunca hubiera existido.
Luego llegó el silencio.
Un silencio profundo.
Antiguo.
Cuando Ainé abrió los ojos, estaba de nuevo en Lúmbria.
Pero algo había cambiado.
El bosque estaba oscuro.
Más oscuro de lo que recordaba.
Los árboles gigantes se alzaban hacia el cielo cubierto de nubes, y la niebla se movía entre los troncos como un río lento.
Noa dio un paso fuera del portal.
Miró alrededor.
—Vale…
—Esto es mucho más impresionante que la ciudad.
Bastián respiró profundamente.
—Ah…
—Esto sí huele bien.
—Tierra, hojas… magia.
Marga frunció el ceño.
—Y peligro.
Lórien observaba los árboles con atención.
Sus ojos élficos percibían cosas que los demás no podían ver.
—El bosque está inquieto.
El portal detrás de ellos comenzó a desvanecerse.
Héctor fue el último en cruzar.
Cuando puso un pie sobre la hierba húmeda, el portal desapareció completamente.
—Así que esto es Lúmbria…
El anciano miró alrededor con asombro.
—He pasado mi vida estudiando este mundo.
—Pero nunca pensé que lo vería.
Ainé avanzó unos pasos.
La llama dentro de su pecho latía más fuerte aquí.
Como si estuviera cerca de su origen.
—El Corazón del Bosque está en esa dirección.
Señaló hacia el norte.
Hacia una zona donde los árboles parecían aún más antiguos.
Marga levantó la vista.
—El Bosque Antiguo.
Bastián tragó saliva.
—Ese lugar da miedo incluso en las historias.
Noa suspiró.
—Perfecto.
—Un bosque encantado dentro de otro bosque encantado.
—¿Qué podría salir mal?
De repente…
algo se movió entre los árboles.
Lórien levantó la espada.
—Silencio.
Las sombras se desplazaron entre los troncos.
No era un animal.
Eran figuras.
Altas.
Delgadas.
Cubiertas por capas de hojas y musgo.
Sus ojos brillaban con una luz verde suave.
Ainé sintió una presencia antigua.
Respetuosa.
Pero también vigilante.
Marga susurró:
—Los guardianes del bosque.
Una de las figuras avanzó.
Su rostro parecía tallado en madera viva.
—Forasteros…
Su voz era profunda, como el crujir de los árboles.
—El bosque os ha sentido llegar.
Lórien inclinó ligeramente la cabeza.
—No venimos como enemigos.
La figura lo miró en silencio.
Luego sus ojos se posaron en Ainé.
Y la expresión cambió.
—La llama…
Las otras figuras murmuraron entre ellas.
—La portadora ha llegado.
Noa levantó una ceja.
—Genial.
—Otra gente que ya sabe quién eres.
El guardián del bosque dio otro paso.
—Pero también sentimos la sombra.
El silencio cayó sobre el grupo.
Ainé bajó la mirada.
—Lo sé.
El guardián habló lentamente.
—El Corazón del Bosque os espera.
Marga frunció el ceño.
—¿Espera?
La figura asintió.
—El bosque ha estado soñando con este momento.
Bastián susurró:
—Eso suena inquietante.
Pero antes de que alguien pudiera responder…
un rugido atravesó el bosque.
Lejano.
Pero enorme.
Los árboles temblaron.
Las hojas se agitaron como si una tormenta invisible hubiera cruzado el cielo.
Lórien apretó la espada.
—El Urco.
El guardián del bosque miró hacia las montañas oscuras.
—Sí.
Sus ojos volvieron a Ainé.
—La sombra también ha despertado.
El guardián extendió la mano hacia el interior del bosque.
—Debemos irnos ahora.
—Antes de que los cazadores encuentren vuestro rastro.
La niebla se movió entre los árboles.
El Bosque Antiguo estaba esperando.
Y en su centro…
algo mucho más viejo que cualquier leyenda comenzaba a despertar.
El Corazón del Bosque.

Es como el despertar , sensación, intriga.
ResponderEliminarSanta Cruz amaneció nublado pero es agradable.
Los besos también pueden volar.