Capítulo IX
La tormenta de luz y sombra
El cielo de Lúmbria se oscureció por completo.
Las nubes giraban sobre el Corazón del Bosque como un remolino gigante.
Los árboles crujían bajo el viento.
Y entre ellos avanzaba la sombra.
El Urco.
Era aún más grande de lo que Ainé había imaginado.
Su cuerpo parecía hecho de humo, roca y oscuridad antigua. Cada paso hacía temblar la tierra. Sus garras dejaban marcas profundas en el suelo del claro.
Sus ojos rojos se clavaron en ella.
—La llama…
Su voz era como el rugido de una tormenta dentro de una cueva.
—Por fin.
Lórien levantó la espada.
—¡Todos atrás!
Los guardianes del bosque formaron un círculo alrededor del árbol gigantesco.
Sus cuerpos comenzaron a brillar con la misma luz verde que recorría las raíces.
Marga alzó su bastón.
—El bosque luchará con nosotros.
Noa apretó su medallón.
—Espero que sea un bosque muy fuerte.
Bastián murmuró:
—Porque eso es un monstruo muy grande.
El Urco avanzó otro paso.
La sombra se extendió desde su cuerpo como un océano oscuro.
Pero entonces…
otra figura apareció entre la niebla.
Alta.
Elegante.
Cubierta por una capa negra.
Elarion.
Sus ojos brillaban con la misma oscuridad que los del Urco.
Lórien dio un paso adelante.
—Sabía que vendrías.
Elarion sonrió.
—Hermano.
—Este es el final de nuestra historia.
La espada de Lórien se iluminó.
—Entonces termina aquí.
Los dos elfos se lanzaron el uno contra el otro.
El choque de sus espadas resonó como un relámpago.
Luz plateada contra sombra.
Mientras tanto, el Urco seguía caminando hacia Ainé.
El Corazón del Bosque brillaba detrás de ella.
La voz del árbol resonó en su mente.
“El momento ha llegado.”
Ainé respiró profundamente.
Sentía la llama arder.
Sentía la sombra dentro de ella.
Durante tanto tiempo había intentado luchar contra esa oscuridad.
Pero ahora comprendía algo diferente.
No era su enemiga.
Era parte del equilibrio.
El Urco rugió.
Saltó hacia ella.
La tierra tembló.
Ainé cerró los ojos.
La llama apareció en sus manos.
Pero esta vez no intentó separarla de la sombra.
La aceptó.
La luz dorada se mezcló con la oscuridad.
Giraron juntas.
Como dos estrellas orbitando una alrededor de la otra.
El poder creció.
Más fuerte que cualquier cosa que hubiera sentido antes.
El Urco se detuvo.
Por primera vez… dudó.
—Eso…
—Eso no debería ser posible.
Ainé abrió los ojos.
Sus alas brillaban con luz y oscuridad entrelazadas.
—No soy solo la llama.
Su voz resonó con fuerza nueva.
—Soy el equilibrio.
El Corazón del Bosque respondió.
Todas las raíces del árbol comenzaron a brillar.
La energía del bosque fluyó hacia ella.
La magia de Lúmbria entera parecía despertar.
El Urco rugió con furia.
—¡Yo soy la sombra eterna!
Saltó hacia ella.
Pero Ainé levantó las manos.
La energía explotó.
Un río de luz y sombra salió disparado desde su cuerpo.
Golpeó al Urco de lleno.
El impacto sacudió todo el bosque.
Mientras tanto…
Lórien y Elarion seguían luchando.
Espada contra espada.
Hermano contra hermano.
Elarion atacó con una oleada de sombra.
Lórien la cortó en dos.
—¡Aún puedes detener esto!
Elarion rió.
—No.
Sus ojos brillaban con locura.
—La sombra siempre gana.
Pero en ese instante…
la explosión de energía iluminó todo el claro.
Ambos elfos se detuvieron.
El Urco estaba retrocediendo.
Por primera vez.
La luz y la sombra de Ainé lo envolvían como una tormenta.
El monstruo rugió con rabia.
El equilibrio lo estaba debilitando.
Porque el Urco existía en un mundo roto.
Un mundo donde la luz y la sombra estaban separadas.
Pero ahora…
Ainé estaba cambiando las reglas.
El Corazón del Bosque habló una vez más.
“El equilibrio ha vuelto.”
La batalla aún no había terminado.
Pero el destino de Lúmbria empezaba a inclinarse.
Y en medio de la tormenta de magia…
Ainé comprendió que el final estaba cerca.
Muy cerca.

Menos intriga, más espectacion
ResponderEliminarDía gris , café y sus besos.
Se acerca el final…o no. Quizá, tal vez. Pudiera. Besos siempre
Eliminar