Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

sábado, 7 de marzo de 2026

La Sombra del Urco-7


 

Capítulo VII

La ciudad que no debía ver magia

El portal temblaba. La grieta entre los mundos vibraba como si la propia realidad estuviera luchando por cerrarse.

Ainé sentía el pulso de la llama en su pecho con tanta fuerza que casi le dolía respirar.

Los ojos rojos seguían al otro lado. Observando. Esperando.

Lórien dio un paso atrás, pero no apartó la mirada del portal.

—No va a cruzar todavía.

Marga lo miró con preocupación.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

El elfo señaló la grieta.

—El velo sigue siendo fuerte… aunque esté roto.

La figura oscura del otro lado se movió lentamente.

El portal crujió pero algo lo detenía. Algo antiguo. Algo que aún protegía el equilibrio entre mundos.

Bastián respiró aliviado.

—Perfecto. Entonces nos vamos, lo dejamos ahí atrapado, y todos felices.

Marga negó con la cabeza.

—No es tan sencillo.

Ainé lo sabía. Lo sentía.

La llama en su interior tiraba hacia el portal, como si algo en el otro mundo la estuviera llamando.

—Tenemos que cruzar.

Los tres la miraron al mismo tiempo.

—¿Qué? —dijo Bastián.

Ainé señaló la grieta.

—Esto no se abrió por accidente.

Lórien frunció el ceño.

—La sombra lo ha debilitado.

—Sí —respondió Ainé—. Pero alguien tuvo que abrirlo.

Marga lo comprendió inmediatamente.

—Un humano.

El bosque quedó en silencio.

Los ojos del Urco desaparecieron momentáneamente de la grieta, como si se hubiera retirado. Pero todos sabían que seguía allí.

Esperando.

—Si alguien en el mundo humano abrió el portal —continuó Ainé— entonces sabe de Lúmbria.

—Y eso nunca ha sido bueno —murmuró Lórien.

Bastián levantó las manos.

—A ver si lo entiendo.

Señaló la grieta.

—¿Queréis meteros ahí dentro… donde viven los humanos?

Marga sonrió levemente.

—¿Te asustan?

—¡Claro que me asustan!

—Tienen hierro, ruido, fuego en cajas que corren… y edificios más altos que los árboles.

Ainé dio un paso hacia el portal. La luz azul iluminó su rostro.

—Pero también tienen respuestas.

Lórien suspiró.

—Si cruzamos… no será fácil volver.

—Lo sé.

La joven hada miró el mundo humano.

Una calle mojada por la lluvia nocturna. Farolas brillando. Un coche pasó haciendo un sonido extraño que hizo que Bastián saltara.

—¡Eso es un dragón metálico!

—Es un coche —dijo Marga.

—¿Cómo lo sabes?

—He estado antes.

Todos la miraron sorprendidos.

La meiga encogió los hombros.

—Hace mucho tiempo.

Ainé respiró hondo.

—Entonces iremos juntos.

Lórien desenvainó lentamente su espada élfica.

La hoja reflejó la luz azul del portal.

—Si el Urco aprende a cruzar…

—Ninguno de los dos mundos estará a salvo.

Marga tomó su bastón de avellano.

—Entonces no tenemos elección.

Bastián se acercó lentamente al borde del portal. Miró hacia abajo. Luego hacia la ciudad humana.

—Esto es una mala idea.

Pausa.

—Pero también suena a aventura.

Ainé extendió sus alas  para recordar quién era. La llama brilló en su pecho.

—Vamos.

La joven hada cruzó el portal. Durante un instante sintió como si su cuerpo se estirara entre dos realidades.

Frío. Luz. Ruido.

Y entonces…Pisó asfalto.

La lluvia caía suavemente. El olor a ciudad era fuerte.

Gasolina.Metal.Humedad.

Ainé miró alrededor.

Edificios de piedra. Ventanas iluminadas. Una calle casi vacía. 

Y detrás de ella aparecieron Lórien, Marga y Bastián.

El trasgo cayó de rodillas al tocar el suelo.

—¡Está duro!

—¿Qué tipo de tierra es esta?

—No es tierra —dijo Marga—.

—Es carretera.

Un coche pasó a lo lejos.

Bastián chilló.

—¡El dragón metálico!

Lórien guardó su espada.

—Discreción.

—Aquí nadie debe vernos.

Pero en ese mismo momento alguien habló desde la acera.

—Eso va a ser complicado.

Todos se giraron de golpe.

Una chica estaba de pie bajo una farola. Tendría unos diecisiete años. Llevaba una sudadera oscura y una mochila. Y los estaba mirando. Mirando directamente.

Ainé sintió un vuelco en el estómago.

—No puede ser.

La chica sonrió.

—Sí puede.

Sus ojos brillaban con un reflejo extraño.

Como si la luz de la farola no fuera lo único que iluminaba su mirada.

—Un hada, un elfo, una meiga y…¿un trasgo?

Bastián levantó la mano.

—Presente.

La chica dio un paso hacia ellos.

—Os estaba esperando.

Lórien tensó el cuerpo.

—¿Quién eres?

La joven respondió con calma.

—Mi nombre es Noa.

Señaló el portal.

—Y vosotros habéis traído un problema enorme.

Desde la grieta comenzó a escucharse un sonido grave.

Un gruñido lejano pero cada vez más fuerte.

Noa suspiró.

—Genial.

Miró a Ainé.

—Porque si eso que está al otro lado es lo que creo…

Sus ojos se volvieron serios.

—El Urco está a punto de descubrir cómo entrar en nuestro mundo.

El portal volvió a temblar.

Y esta vez…la sombra empezó a atravesarlo.



1 comentario:

  1. Ese otro mundo complicado esperaba.

    Amanece algo fresco.
    Café y una mirada al pasado

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