Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

jueves, 19 de marzo de 2026

Los Hijos del Velo-2

 



Capítulo II




Los que pueden ver



El mundo no cambió de golpe.

No hubo explosiones.

Ni tormentas.

Ni señales evidentes.

Pero algo… ya no encajaba.



En el mundo humano, pequeñas cosas comenzaron a suceder.

Sombras que no correspondían a nada.

Reflejos que se movían solos.

Susurros en lugares donde no había nadie.

La mayoría de las personas no lo notaban.

Pero algunos sí

Mateo no era el único.


En una ciudad lejana, una niña dibujaba en su cuaderno.

Siempre dibujaba lo mismo:

Un bosque.

Un árbol gigantesco.

Y una grieta en el cielo.

Su madre pensaba que era imaginación.

Pero aquella mañana el dibujo cambió.

La grieta se abrió un poco más.

Y algo salió de ella.

La niña soltó el lápiz.

—Mamá

—Eso no lo he dibujado yo.


En otro lugar, un chico miraba por la ventana durante la noche.

Las luces de la ciudad parpadeaban.

Pero entre los edificios vio algo imposible.

Una figura alta.

Demasiado alta.

Quieta.

Observando.

Cuando parpadeó…ya no estaba.





En Lúmbria, Ainé seguía observando la grieta.

No había desaparecido.

Tampoco crecía.

Pero estaba ahí.

Y eso era suficiente.

Marga apareció a su lado.

—El bosque no responde.

Ainé asintió lentamente.

—Lo sé.

Lórien llegó poco después.

Su rostro estaba serio.

—Los elfos han sentido lo mismo.

—No es magia.

Eso era lo más inquietante.

Porque todo en Lúmbria…era magia.

Pero aquello no lo era.





Esa noche, Ainé comprendió algo.

Cerró los ojos.

Se concentró.

Y buscó más allá de Lúmbria 

En el mundo humano.

Y entonces los sintió.

Como pequeñas luces.

Despertando una a una.

Niños.

Adolescentes.

Personas que podían ver lo que otros no.

Personas que sentían el Velo.

Personas conectadas… con ambos mundos.

Ainé susurró:

—No están solos

Marga la miró.

—¿Qué has visto?

Ainé abrió los ojos.

—Los Hijos del Velo.



Mateo volvió al bosque.

No sabía por qué.

Pero sentía que debía hacerlo.

La niebla volvió a aparecer.

Más densa que nunca.

Más fría.

—¿Hola? —dijo con voz temblorosa.

Nadie respondió.

Pero algo se movió.

No era Ainé.

No era luz.

Era oscuridad.

Pero no como la del Urco.

Esta era… distinta.

Más vacía. Más silenciosa.

Mateo dio un paso atrás.

—No me gusta esto…

Entonces la vio.

Una silueta dentro de la niebla.

No tenía forma definida.

Parecía cambiar constantemente.

Como si no pudiera decidir qué era.

El aire a su alrededor se deformaba.

El sonido desapareció.

El mundo… se volvió borroso.

Mateo no podía moverse.

No podía gritar.

La cosa se inclinó hacia él.

Y entonces Ainé apareció.

Una explosión de luz y sombra rompió el silencio.

La figura retrocedió.

No huyó.

Pero se retiró lentamente hacia la grieta invisible en el aire.

Como si no fuera su momento.

Ainé cayó de rodillas.

Respirando con dificultad.

Mateo la miró.

—¿Qué era eso?

Ainé tardó en responder.

Porque ni siquiera ella lo sabía.

—Algo que no debería existir.



Lórien y Marga llegaron instantes después.

La presencia ya había desaparecido.

Pero el bosque…había cambiado.

Los árboles estaban quietos.

Demasiado quietos.

Como si estuvieran… muertos por dentro.

Marga tocó uno de los troncos.

—No hay magia.

Eso era imposible.

Ainé se levantó lentamente.

—No es que no haya magia.

Miró hacia el cielo.

Hacia la grieta invisible.

—Es que algo… la está borrando.



El Urco destruía.

Pero seguía las reglas del mundo.

Esto no.

Esto no destruía.

No corrompía.

No invadía.

Simplemente…borraba la existencia misma de la magia.

Ainé miró a Mateo.

—Tú puedes verlos.

El niño asintió.

—Sí…

—Y no quiero.

Ainé suspiró suavemente.

—Pero vas a tener que aprender.

Porque ahora…ellos también pueden verte a ti.

El viento volvió a moverse.

Pero esta vez no traía vida.

Traía vacío.

Y en algún lugar más allá del Velo…algo estaba despertando. Algo antiguo.Algo olvidado.

Algo que había sido separado del mundo…cuando Aetherya se rompió.


1 comentario:

  1. Parece un nuevo enigma. Me resulta interesante.

    La noche está tranquila y huele a besos.

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