Aún cuando lloren las estrellas
y el universo deje de girar,
cuando la luna esconda su rostro
detrás de los montes dormidos
y los antiguos caminos
se pierdan bajo la niebla,
yo sabré dónde buscarte.
Quizá en el rumor de los árboles,
cuando la noche incline sus ramas
sobre la tierra silenciosa.
Quizá en la primera luz del alba,
cuando el mundo despierte
sin saber que alguien lo contempla.
Dicen que los viejos bosques
guardan memoria de quienes amamos,
y que sus raíces conocen
los nombres que el tiempo olvida.
Por eso, algunas noches,
cuando el viento atraviesa las hojas,
creo escuchar tu voz
en algún lugar más antiguo
que la propia noche.
Allí donde el tiempo duerme,
donde las almas llevan
los nombres de quienes fueron,
tal vez exista un sendero
que solo se abre
cuando cerramos los ojos.
Y caminarás por él
bajo árboles de plata,
con la misma luz serena
que alguna vez habitó tus ojos.
Yo permaneceré aquí,
guardando tu nombre
como quien guarda una llama
durante el invierno.
Y cuando llegue la noche
y las estrellas vuelvan a llorar,
cuando el universo deje de girar
por un instante sobre mi cabeza,
levantaré los ojos al cielo.
No pediré respuesta.
Me bastará con saber
que en algún lugar
más allá de la última estrella,
una luz permanece encendida.
Y esa luz
llevará tu nombre
Mamá.
Vaya, que preciosidad de poema. Tierno y lleno de amor.
ResponderEliminarSoy María Gladys.
No puedo comentar
ResponderEliminarQuiero decir que el poema es precioso, lleno de ternura y amor.
ResponderEliminarSoy María Gladys.
Gracias María, el 17 hizo mi madre dos años que se fue al lugar de los sueños
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