El hombre del Movimiento
En julio de 1976, el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente sorprendió a casi todos.
En el ministerio, Mateo escuchó la noticia con ceño fruncido.
—Es del Movimiento —dijo su jefe—. No dará pasos peligrosos.
Pero los dio.
Comenzó a hablar de reforma política. De elecciones. De desmontar el sistema desde dentro.
Mateo observaba el proceso con una mezcla de inquietud y curiosidad. En su casa, el retrato de su padre seguía presidiendo el salón. La transición empezaba a parecer una conversación silenciosa con ese retrato.
Una noche, frente a la imagen, murmuró:
—No sé si estamos traicionándote… o completando algo que tú no pudiste ver.
No esperaba respuesta.
A veces no se tiene por certeza que un país haga esto o aquello por sus gentes, o sus gentes por su país.
ResponderEliminar