Bosteza el Parlamento con gesto soberano,
promete maravillas y roba con la mano;
declara “austeridad” desde un palco dorado
mientras firma banquetes con vino importado.
El prócer se retrata besando a la pobreza,
mas limpia con champaña su súbita tristeza;
predica transparencia, pureza republicana,
y esconde en el bolsillo la cifra más lozana.
El sabio economista, profeta del mercado,
calcula el sacrificio… que pague el empleado;
la patria se nos vende con himno y con bandera,
incluye en la subasta la fe de la escalera.
La prensa se indigna —¡qué fiera valentía!—
titula en letras gruesas la misma hipocresía;
discute en tertulias la ética del día
y calla si el anuncio financia la osadía.
Oh reino de sonrisas de plástico y contrato,
donde el mérito es primo segundo del retrato;
la fama es un algoritmo que dicta la moraleja
y absuelve al poderoso, si el pobre se le queja.
Mas ríe la callejuela con sátira sonora:
“si el rey va sin vestido, que desfile a deshora”;
que al menos la comedia nos sirva de consuelo
mientras cambia el decorado… y el actor sigue en duelo.
Vaya, que maravilla de poema.
ResponderEliminarLa tranquilidad de la noche se hace el abrazo del amante.