Las sombras persistentes
Pero la violencia no cesó.
Los atentados de Euskadi Ta Askatasuna se sucedían con una regularidad que erosionaba la paciencia social. Militares, guardias civiles, policías, civiles.
Andrés Salgado asistió al funeral de un compañero asesinado en Guipúzcoa. La viuda sostenía a un niño pequeño sin comprender del todo el protocolo.
En el cuartel, el ambiente se endurecía.
—Demasiada concesión —decía un teniente—. Esto es debilidad.
Andrés no compartía esa lectura, pero tampoco ignoraba la frustración.
La democracia exigía contención incluso cuando dolía.
Realmente es el precio a pagar? No sé. Pero sé que la Democracia se debe al pueblo.
ResponderEliminarCalima en mi tierra.
Mañana tranquila, café y recuerdo.
Yo lo veo como un intento por no querer que llegue esa democracia. Por lo menos en los primeros años de la banda. Un aprovechar el descontrol. La Democracia es el pueblo.
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