La noche del cambio
El 28 de octubre de 1982, el resultado fue contundente.
El Partido Socialista Obrero Español obtuvo una mayoría absoluta histórica.
Al frente estaba Felipe González, joven, seguro, con una oratoria que combinaba pragmatismo y promesa.
Las calles de Madrid se llenaron de celebración.
Clara no gritó. No saltó. Pero sus ojos brillaban.
—Es la primera vez que siento que el futuro no es frágil —susurró.
Mateo la miró con serenidad.
—La alternancia es la verdadera victoria.
Andrés observó los resultados desde el cuartel. No había rabia. Solo la conciencia de que el país ya no le pertenecía a su generación.
Y eso, comprendió, era exactamente lo que debía ocurrir.
Fue motivo de celebración en aquellos años.
ResponderEliminarAcaba de oscurecer se siente el silencio ahí fuera.
No dejo de pensar.