Volví a nacer cuando perdí el dolor de tus silencios,
cuando descubrí en el placer de tus miradas lo que
siempre enmarcaban mis sueños…

"En lo Hondo"
Gustavo GP

martes, 3 de febrero de 2026

La forma del Silencio-1- Después

 

SEGUNDA PARTE



La guerra no terminó de golpe.

Un día dejaron de oírse los disparos, pero nadie salió a celebrarlo. Madrid amaneció igual que otras mañanas, con las persianas levantándose a medias y la gente caminando con cuidado, como si el ruido pudiera volver en cualquier momento.

Tomás cruzó Lavapiés temprano. Las fachadas seguían heridas y algunas ventanas estaban tapadas con tablones que ya nadie pensaba quitar. Había carteles nuevos sobre muros viejos. Órdenes, advertencias, consignas. La ciudad hablaba con una voz distinta, más firme y menos explicativa.

El silencio era otro.

No era el silencio del miedo inmediato, sino uno aprendido, trabajado, casi disciplinado. La gente hablaba poco y, cuando lo hacía, medía cada palabra como si pudiera quedarse colgada en el aire.

Elena llegó desde Vallecas con un bolso ligero y una carpeta doblada bajo el brazo. Se habían acostumbrado a moverse así: sin llamar la atención, sin repetir trayectos, sin dar explicaciones innecesarias. La supervivencia ya no dependía de correr, sino de no destacar.

—Ahora es cuando empieza lo difícil —dijo ella, sentándose frente a Tomás en una mesa coja.

Tomás asintió. Lo había entendido hacía semanas. La posguerra exigía otra clase de resistencia. No pedía heroísmos, sino constancia. No castigaba el ruido, castigaba la memoria.

En el barrio habían empezado a aparecer hombres nuevos. No vestían de gris todavía, pero se movían como si lo hicieran. Preguntaban poco y observaban mucho. Tomás había aprendido a reconocerlos no por lo que decían, sino por cómo escuchaban.

—Nos van a pedir cosas —dijo él—. Información, gestos, adhesiones.

—Y silencios —añadió Elena.

Caminaron juntos un tramo. Madrid seguía funcionando, pero ahora lo hacía bajo una lógica distinta. Cada oficina, cada despacho, cada colilla apagada en la acera formaba parte de un orden que no necesitaba gritar.

Tomás pensó en su padre, en lo que había heredado sin darse cuenta: la idea de que resistir no siempre era oponerse, a veces era mantenerse entero.

Elena observó la ciudad con atención. Sabía que los próximos años no se medirían en victorias, sino en pérdidas evitadas. En lo que consiguieran proteger sin que nadie lo notara.

La guerra había terminado.

La vigilancia, no.

Y Madrid, el Madrid humilde, una vez más, aprendía a mirar sin ser vista.


1 comentario:

  1. Quizás acostumbrarse a lo acontecido, los personajes se adecúan a vivir de otro modo. Es cierto que la gloria se había convertido en salvar vidas, en sobrevivir.

    Cuando ya oscurece en mi tierra leo tú obra con gran placer.

    Besos Gustavo.

    ResponderEliminar